"El Apocalipsis va a comenzar el 15 de Julio a las 3pm, hora Costa Rica."
Sentado en el Turco y recién habiéndome comido los camarones más exquisitos que he probado en mi existencia, me parece difícil creer que el "heroin dude" en los lentes de contacto de Darth Maul haya dicho algo así seriamente, mucho menos que espere que no nos ríamos. Nos siendo Lucas y Yo.
Pero debiera comenzar por el principio. Da capo al fine. Stop. Rewind.
...
...
Play.
Diluvio. El cielo se abre y caen perros y gatos en palanganas. Los caños se llenan y se rebasan, amenazando con llevarse basureros, transeuntes y uno que otro automóvil. Nosotros estamos, afortunadamente, terminando nuestro almuerzo en el restaurante.
Una pareja entra. En realidad no los determino cuando lo hacen, pero una vez que están en el lugar se dirigen directamente a nosotros. Están milagrosamente secos.
"Vine a que me cobraras un favor", dice el tipo de los pantalones de cuero negro, ojos amarillo con rojo y novia con frenillos sin ni siquiera saludar.
[Los ojos son lentes de contacto, por supuesto, y si bien nadie me la había presentado, existía un buen chance de que la chiquita que tenía abrazada de la cintura fuera la novia. O la chavala con la que salía. La verdad nunca reconocí la diferencia que hace alguna gente entre ambas. Pero nos estamos perdiendo la conversación]
Lucas mece su té mientras considera la oferta y decide comprarse algo de tiempo invitándolos a sentarse con un gesto de la mano. Procede a las presentaciones. "Yo, Andrés y Lillith. Andrés y Lillith, Yo. Yo tiene una empresa de juguete para gastar la plata de la familia" - ¡¡¡Hey!!! - "Lillith estudia derecho, Andrés vive del aire. ¿Aceitunas?"
Silencio mientras Lucas encesta un par de aceitunas y se relame viendo a Lillith. O quizás lo malinterpreto.
"Es una oferta seria", insiste el famélico Andrés con la rubia a su lado y vestido como Jim Morrison. Not.
Otra aceituna. "No sé, la verdad no me precisa..." - replica Lucas.
"Sí, si te precisa", interrumpe el otro.
"... y uno nunca sabe cuando puede necesitar un favor..."
"Ahora, en este momento. Si no lo usas ahora, no son quince días y lo pierdes."
Lo cual obtiene la atención de Lucas. Yo, con cuidado meto la mano en el bolsillo y enciendo mi grabadora. Para grabar, con toda claridad, los siguientes 10 segundos de silencio. La siento detenerse, el mecanismo sensor de voz haciendo su trabajo. Y es entonces que Lucas comienza a hablar de nuevo, por lo que se pierde las primeras sílabas de lo que dice.
"... eguro de que no es una trampa? Vé que tenés fama."
"Con la mano sobre el pecho derecho de Lillith, sobre una pila de películas de Jeffrey Combs. Por el juego nuevo de muebles de Giger que adquirí la semana pasada."
¿Muebles de Giger? - me sacudo de mi estupor.
"¿Tenés muebles de Giger?" - trato de interrumpir a Andrés sin ningún éxito.
Mexican standoff mientras ambos parecen considerar sus posibilidades.
"OK. Sácame del aprieto en el que no sé que estoy." - dice Lucas - "Págame el favor."
Y eso nos lleva de vuelta al principio. El Apocalipsis blah blah blah. Lucas sonríe.
"Es en serio" - sigue Andrés - "Me dieron el preaviso y decidí pagarte el favor avisándote."
"¡Cuanta generosidad y desinterés!" - con Lucas uno asume; no, espera sarcasmo - "¿Y qué gano con saber?"
"Quizás puedas hacer algo."
"Ahhh, así tenés juguete para otro rato más, ¿correcto?" - con sonrisa de oreja a oreja, ahora que parecía ver por donde iba la cosa. - "En cualquier caso, yo soy ateo. (A) Tengo 0 poder de negociación con tu jefe y (B) No creo verme afectado."
Andrés se acomoda en la silla, distrayéndose con alisar arrugas inexistentes en su pantalón de cuero, como a punto de compartir información que no quiere dar. Decide, en cambio, echarse la última aceituna a la boca y relamerse los dedos. Finalmente,
"No es mi jefe. Además, (A) Me han dicho que no es el Big Cheese el de la idea. No creo que a él tampoco le urja." - Se levanta de la silla con la hasta el momento silenciosa Lillith, quien nos sonríe a ambos una sonrisa llena de metal a modo de despedida.
"Además" - continúa Maul - "(B) Eris es católica." - detiene la segura interferencia de Lucas con un gesto - "Aunque no sea practicante, es la creencia lo que importa. Estamos a mano con los favores, te debo una invitación a comer. Ciao."
Con esto salen del restaurante y toma un taxi que milagrosamente va vacío en este aguacero. Lucas los observa irse, suspira al notar su plato de aceitunas vacío y ordena un café turco.
Finalmente decido inquirir ante lo que me pareció la parte más importante de la conversación. "¿Ese carajo de verdad tiene muebles de Giger?"
Lucas asiente, su mente definitivamente en otra parte.
"Puta, ¿quién carajos es?"
"El diablo."
"Si esto sigue así" - insiste Lucas - "me va a pasar las de mi abuela. Voy a tener el pelo blanco para antes de los 30."
Uno tendería a pensar que si el Ex-Comandante en Jefe de las Fuerzas Celestiales - de haber sido el chavalo lo que decía Lucas que era - venía en persona a decirte cuando se iba a acabar el Universo, lo primero que harías sería hacer las paces con Dios. O si fuera una película, tratar de impedirlo.
Lucas decidió ir a hacerse un corte de pelo.
"No hay nada más relajante en este mundo que el que una mujer atractiva cuyo nombre está en una plaquita de metal que te da la perfecta excusa para mirarle el pecho te lave el pelo", me dice. En la peluquería. Mientras le lavaban el pelo. Delante de la muchacha en cuestión.
Hay comentarios ante los cuales uno no puede hacer nada más que sacudir la cabeza y luego ver avergonzadamente a su alrededor.
"Además", prosigue, "el Troll todavía tiene que averiguarnos acerca de donde está mi cazador favorito. Si alguien sabe algo acerca de gente que podría precipitar el fin del mundo, es Harry."
Lucas le sonríe a los pechos de la joven mientras pregunta si le podría traer un vaso de agua, lo cual estoy seguro no es más que una excusa para examinarle el trasero.
Luego de verla alejarse, vuelve a verme y baja la voz a un susurro conspirador. "La cosa está así: si el mundo se acaba como me dice Andrés que se va a acabar, se acaba para los cristianos creyentes. Yo sobrevivo. Mi gato sobrevive. Se pierden algunos cardenales y sacerdotes, pero la mayoría sobrevive. Entendés la idea." (Nunca, nunca me preguntaba, y yo personalmente estaba comenzando a sentir que este era el momento apropiado para decirle que no, no entendía la idea. Ni un poquito.)
La confusión debe de habérseme reflejado en la cara, porque asiente de forma semi paternal y procede a explicar.
"Verás, la religión es como la magia: ninguno de los dos es real."
Pausa.
"OK, mala broma. No he dicho nada. No repitás eso."
Vé a su alrededor para confirmar si alguien más lo escuchó, y parece tranquilizarse de que el secreto del mal chiste queda conmigo.
"Pero en realidad el punto es válido", continúa. "La religión es como la magia: la gente tiene que creer en ella para funcione."
Pausa otra vez.
"Sorry" - le contesto - "esa versión tampoco hace gracia."
"Es porque es en serio."
Me dá un momento para que la idea se hunda.
"Como todo en este mundo, la religión es un asunto de puntos de vista. Si eres Krishna y comes cerdo, probablemente te estás comiendo a tu tío. Bueno, asumiendo que él era Krishna también, pero dejemos eso de lado. Si eres católico, es solo un animal - a menos que sea viernes de cuaresma en cuyo caso es un tiquete al infierno. Si eres musulmán, es un animal impuro que en realidad está contaminando no solo tu cuerpo sino tu alma."
"Estoy familiarizado con las creencias" - interrumpo - "y por supuesto que todo el mundo tiene puntos de vista distintos."
"Sí, todo el mundo tiene puntos de vista distintos." - Detesto el tono de que le está hablando a un niño de tres años - "Lo que no entendés es que todos son ciertos."
"Por supuesto que lo son, desde el punto de vista de Fichte y el yo absoluto creando la realidad a la medida de la persona; o la idea de Matrix de que la realidad no es nada más que impulsos eléctricos en el cerebro, así que cualquier cosa que cree esos impulsos define la realidad," digo gesticulando con las manos. "O el hecho de si suficientes personas se ponen de acuerdo en que un hecho ocurrió, va a ser para todos ellos como si hubiera pasado; como con toda la gente que vé una culebra en el suelo donde solo hay la sombra de unas trenzas, o alguna otra forma de autohipnotismo colectivo. Creo que hemos visto las mismas películas."
(Respira hondo. Por un momento parece impacientarse y automáticamente me preparo para el corte quirúrgico de uno de sus filazos, pero reconsidera.)
"No, Yo, no es solo eso. Pégate una restregada cerebral de la basura de pop psychology que has recogido en estos años, ¿OK? Te estoy diciendo que todos esos puntos de vista son ciertos. A la vez. Hasta los contradictorios. Gracias", dice sin volverse hacia la muchacha que le trae el vaso de agua, "creo que mi amigo quiere un té."
La muchacha - Jessica, juzgando por la etiqueta - se vé algo molesta por el tono de Lucas pero igual le pide a otra que me traiga un té y ayuda a Lucas que se recueste para quitarle el rinse del pelo; burlando así su plan para terminar la perorata. Toma un paño, le seca la cabeza y lo pasa a donde la peluquera; para proceder a hacer lo mismo conmigo.
Putaestavarasisesienterelajante - es lo único que puedo pensar cuando el agua tibia comienza a correrme por el cuero cabelludo.
Quince minutos después recupero el sentido. El té está frío, Jessica no está a la vista y Lucas está conversando animadamente con Diana - la peluquera - mientras le cortan el pelo. Debe de ser un viejo cliente y es por eso que las asistentes se aguantan los comentarios que hace. En ese momento, Diana me llama con un gesto para continuar conmigo.
Fast forward a media hora después, cuando finalmente hemos salido del lugar. El día se ha tranquilizado un poco luego de los torrenciales aguaceros de hace un par de horas, y la única huella que queda es algo de humedad sobre los árboles del boulevard.
"Tengo que reconocer que es buena", le digo a Lucas.
"¿Quién, Jessica? No jodás, está excelente". Frena en seco y señala con el pulgar hacia la peluquería. "¿Querés que te la presente? Vamos" - dice jalándome del brazo, comenzando a cruzar la calle y enrumbando de vuelta, haciendo que varios automóviles frenen de golpe para no atropellarnos - "estoy seguro de que le vas a caer bien".
"Mae, nada que ver!" Libero mi brazo del agarre de Lucas.
"¿Estás seguro?" - Sonríe de lado, torciendo la cabeza un poco, alzando una ceja y entrecerrando los ojos en un guiño a medias; clara señal de que está maquinando algo. - "Desde el principio de la entrevista te sentís algo tenso, estoy seguro de que Jessica te haría bien."
"No jodás", digo poniéndome algo colorado. "Además tenemos que terminar la entrevista. Y vos tenés que salvar al mundo."
Inmediatamente la mirada se endurece y el tono jovial es sumergido en nitrógeno líquido.
"El sarcasmo no te va a llevar a ninguna parte. Al menos no conmigo."
Extrañamente se vé algo ofendido, como que hubiera tocado un punto personal.
"Sorry, no quería ofender. Es que en realidad estaba hablando de la peluquera."
Eso parece agarrarlo fuera de base.
"¿Diana?"
"Sí."
"¿De Diana?"
"De hecho..."
Me vuelve a ver, vuelve a ver hacia la peluquería, vuelve a verme de nuevo mientras parpadea perplejo.
"Pero si tiene como cuarenta y todos años..."
"¿Y qué?"
"Diay, es cosa tuya." Se encoje de hombros. "¿Pero de verdad te gusta más Diana que Jessica?"
"¡¿Ehh?!" Toma unos segundos para que me caiga la peseta. "¡No, mae, no! Estaba diciéndote que es buena haciendo su trabajo", le digo. "Es buena peluquera."
"Aaaaaahhhhh." Rié un poco y sacude la cabeza, entretenido por la confusión. "Eso está mejor." Comienza a caminar de nuevo y frena casi inmediatamente. "Entonces, ¿te presento a Jessica?"
"Sinceramente dudo que seas la mejor recomendación", le digo mientras sofoco la risa. "¿No viste las caras que te hacía?"
"Nah, no es nada."
"En serio se veía molesta."
"No te preocupés. Luego vas a ver que así es con todos: al principio me les atraganto, pero así es como me quieren - inmisericorde."
Claro.
"En serio. ¿Vos crées que a Jessica la hace sentirse mejor el que la veás con esa mirada de violador en celo que la estabas viendo sin decir absolutamente nada?" (Blush) "Al menos conmigo sabe a lo que se atiene."
Decido dedicarme a verme los zapatos por un rato.
"A largo plazo", continúa, "vas a ver que la gente aprecia la sinceridad más de lo que parece. De primera entrada hacen muecas, pero una vez que entienden que no lo hacés solo por joderles la vida aprenden a que si les estás diciendo algo, es por que de verdad lo crees. Y eso incluye lo de tu mirada de violador en celo. Sorry por mi reacción al sarcasmo, por cierto, pero es que detesto la competencia."
"No te preocupés". (Es que estaba un poco nervioso, porque en el momento estaba seguro de que me iba a arrastrar de vuelta a la peluquería, iba a sacar a Jessica de donde fuera que se había escondido y no iba a descansar hasta que tuviéramos tres meses de salir; pero por supuesto no voy a decirle eso)
"No estaba preocupado. Pero la verdad... ¿sabés que tenés razón?"
"Sí, claro que la chavala estaba molesta."
"Eso no importa. Pero sí tenemos que ir a salvar el mundo."
Pero acabo de notar que dejé algo de lado. Todo este intercambio ocurre dos horas después de que salimos del Turco, y creo que Lucas ya dijo algo de nuestra visita adonde el Troll.
Cuando alguien te dice que vas para la Cueva del Troll, es así exáctamente como uno lo oye: en mayúsculas, casi viéndolo en un rótulo, probablemente el nombre de algún bar de moda o restaurante en el que no te dejan entrar sin una tarjeta de crédito platino y la entrada más barata cuesta para arriba de los $20, ubicado estratégicamente en una colina desde la que se aprecie San José en su máximo esplendor (de noche, cuando no se ven los edificios).
La cueva en cuestión resulta estar en pleno San José en un centro comercial, no en las afueras. El diseño de ambiente se vé caro: hileras interminables de callejones cubiertos por algún tipo de musgo de color opaco con patrones varios, vagamente iluminadas por fluorescentes que cuelgan del techo, y ni medio maitre d' en la puerta. Tampoco hay mesas ni clientes a la vista, por lo que asumo que los corredores - ¿no hay como demasiados para el espacio? ¿no debieran caber menos? - no son más que la entrada al lugar.
Lucas pausa un momento en el marco de la puerta, masculla algo en voz baja y continúa. Es cuando nos acercamos a las paredes de los pasillos que me doy cuenta que son en realidad pilas de libros, presumiblemente sobre estantes, tan apilados unos sobre otros que parece una pared sólida que creció ahí.
"No te quedés atrás", me llama la atención cuando estoy haciendo exáctamente eso, "que nos daría el fin del mundo buscándote."
Pausa un momento y se ríe para sí mismo.
"Y nunca fue mejor usada la expresión" - agrega.
Caminamos en los callejones lo que parecen horas (por más que mi reloj insiste que no han sido ni un minuto - aunque estoy seguro de que me ha dado exáctamente la misma hora al menos tres veces), Lucas guiando hacia la derecha o izquierda con menos titubeos de los que he visto a gente tratando de escoger donde sentarse en un cine.
Ocasionalmente me distraigo para revisar los títulos que hacen de paredes: "Fight Club", algunos libros de pornografía, varios números de Playboy (incluyendo el de la entrevista con los hermanos Coen), "El Popol-Vuh", ciencia ficción, "Wiseguy", varios libros de Aleister Crowley, "Neurocirugía para Tontos", "Harry Potter Y La Pedestre Secuela", tres o cuatro kilómetros cubiertos de romances de Harlequin, la edición de Avon de $3.99 del Necronomicón, y dos o tres números de Superman que no tenía en mi colección (los cuales desaparecen debajo de mi chaqueta en menos tiempo de lo que le toma a Lucas decirme que no me quede atrás).
"Que no te quedés atrás."
Asiento con la cabeza y comienzo a cerrarme el zipper de la chaqueta, pero cuando vuelvo a ver hacia abajo la sorpresa me hace frenar en seco.
"Er... Lucas", balbuceo.
Lucas sigue adelante.
"Lucas... ¡LUCAS! ¡Vé esta vara!" - grito, gesticulando hacia el suelo y llamando su atención.
Incapaz de pretender que no me está escuchando, Lucas retrocede los diez metros que me llevaba de ventaja y vé hacia donde estoy señalando.
Extrañado examina la superficie, revisando alrededor de mis enlodadas tennis y tanteando con el pie entre el barro y el zacate. Finalmente, se vuelve hacia mí con una pregunta en la mirada. No parece verse sorprendido.
"¿Qué pasó?"
"El barro."
"¿Sí?"
"El suelo. El zacate."
"¿Ahá?"
"Entramos a una tienda en un centro comercial. Caminamos sobre alfombra. En algún punto hubo alfombra, al menos. ¿En qué momentos salimos?"
"Tranquilo, no hemos salido" me dice antes de volverse y seguir caminando.
Considero devolverme, porque la verdad es que en la revista no me están pagando para perseguir a un fotógrafo con delusiones mesiánicas por un embarrialado centro comercial ... en medio de un laberinto ... sin techo ... desde donde puedo ver el cielo ... cuando debiera tener dos pisos arriba mío ... cuando no tengo la más mínima idea de como regresar ...
Y corro en la dirección en la que ví a Lucas doblar.
Cuando lo alcanzo está a la entrada de una cueva, tomando una antorcha.
"¿Cansado?"
"Nah" - contesto agitado, encorvado con las manos en las rodillas, tratando de no desmayarme.
"Excelente, todavía falta un rato."
No tengo idea de cuanto tiempo pasa mientras caminamos por túneles en la cueva, o de cuanto terreno recorremos iluminados por la débil llama de la antorcha de Lucas, o de tan siquiera por qué hay una cueva ahí (cosas que ya ni me pregunto), pero finalmente veo la luz al final del túnel.
Literalmente.
Antes de llegar a esta, Lucas pone la antorcha en una base en la pared (¿cómo es que se llaman esas cosas?), se vuelve hacia mí y se lleva el dedo índice hacia los labios. Sigilosamente camina hacia la parpadeante luz de la entrada de la cueva, con tanto cuidado que pensaría que del otro lado está el conejo de Monthy Python y la Búsqueda del Santo Grial.
Lucas espera en la entrada. Yo espero detrás de él. Adelante, en lo que puedo ver, hay una gruta tan llena de libros como los túneles que acabamos de dejar atrás. Y entre estos montones de libros usados caminan personas, metiendo la mano entre las varias pilas como buscando algo que esperan debiera estar ahí. Ocasionalmente algún pobre desafortunado suela un un quejido de dolor o sorpresa, y retira la mano rápidamente mirando dolido hacia los libros.
"No veo al Troll" - susurro - "Porque asumo que sí hay un Troll."
Lucas gesticula hacia un área cerca del fondo de la cueva que está en sombras, adonde las antorchas de las paredes (¡brillante! ¡Antorchas entre libros viejos!) no alcanzan a iluminar.
Un muchacho que no puede tener 18 años, pelo claro, con pantalones de patineto y una sudadera de algo llamado NOFX se acerca al área en sombras, caminando despacio, su mirada de liebre nerviosa alternando entre la penumbra y el raído bulto que lleva. Se detiene hasta adonde llega la luz, con cuidado de no poner un pelo en el área no iluminada.
"Er ... bueno, yo ... este ...."
"¿Qué?" - truena algo desde las sombras, sacudiendo las llamadas de las teas y por alguna razón no haciendo el más mínimo impacto en el resto de la gente, a quienes parece no importarle que hay algún tipo de Yeti entre ellos.
"Yo ... bueno, traía unos CDs ... porque ... bueno ..."
"¿Cambiar o vender?" - vuelve a retumbar la montaña, interrumpiendo al chavalo de nuevo.
"Bueno .. no estoy seguro" - contesta, viendo hacia la entrada donde estamos con una expresión de que está convencido que venir no fue la mejor idea del día - "Creo que mejor ..."
De la sombras sale algo que primero pienso tiene que ser un jamón, hasta que noto el pelo sobre los nudillos y la trampa de oso que el Troll tiene por mano se abre al frente del muchacho como una planta carnívora que espera que la presa sea lo suficientemente estúpida para tomar la invitación.
"A ver qué tenés" - truenan la sombras - "dame."
Temblando, el joven pone el maletín sobre la gigantesca palma, que se cierra sobre este como que fuera un monedero (¡Dios mío, tiene que ser del tamaño de mi espalda!). El pobre tipo vé furtivamente a su alrededor (todo el mundo lo está ignorando), se lleva las manos a los bolsillos (donde no encuentra nada reconfortante) y finalmente se conforma con hacer círculos en el barro con sus Converse.
"Cranberries. Quemado" - retumban las sombras, y un CD vuela a la cabeza del slacker, quien apenas logra agacharse.
"Pero..."
"Gargabe. Bien nombrado" - y otro disco sale de las tinieblas hacia el pobre diablo.
"Mellencamp. Casi, pero es reciente. Lo reciente es basura." (Swish!) "Morcheeba. Quieren ser Massive Attack" (swish!). "Tricky. Tengo. Portishead, no me interesan" (Schwing!). "Más Garbage. Idem" (Swing! Crash!).
Pausa.
"Hmm, Ozzie. Este se queda."
El chico respira visiblemente, y el siguiente disco casi le arranca la cabeza.
"Dadawa. A quién le importa." (Swish!)
"Limp Bizkit." - Casi ofendido - "No seas tan guineo." (Swish!)
"Sabbath. Aprobado."
"Linkin Park. Uno grita, el otro rapea, todos apestan." (Schwing!)
Al rato dejan de llover tanto los insultos como los discos. Las sombras escupen el maletín de vuelta, y el chavalo lo usa para echar los discos que recuperó - algo embarrialados - de toda la cueva.
La zarpa del Troll sale una vez más, para darle un puño de billetes, y el pobre los toma y echa a correr hacia el laberinto, pasando a nuestro lado despavorido y probablemente sin ver hacia adonde va.
Lucas deja el tunel en el que estamos y entra a la cueva, e inmediatamente puedo sentir la atención de la cosa en las sombras posarse sobre nosotros como un gorila sentándoseme en los hombros. Las sombras tiemblan, la inhalación de la criatura jalando las paredes de la cueva, los libros, la gente, la luz misma hacia él, y yo me aferro al librero más cercano esperando no ser tragado ahora ni enviado fuera del planeta cuando el Fi!Fa!Fo!Fum! separe átomos de hidrógeno.
"¿Diay mae, pura vida?" - es el civilizado comentario que sale con tono jovial.
"Todo tranquilo" - contesta Lucas - "Criatura, Yo. Yo, el Troll. Considérense presentados."
Despacio, recordando al chico y preguntándome si será una buena idea, extiendo la mano hacia las sombras. La garra que sale de estas envuelve mi mano completamente, la estruja y sacude tan vigorosamente que mi principal preocupación es como lograr no perder el brazo también cuando me arranque la mano. Justo cuando estoy a punto de pedir clemencia, algo se mueve adelante. Primero pienso que es un efecto óptico, pero luego me enfoco en una gran maraña de pelo negro, cayendo sobre una camiseta y un chaleco de cuero (ambos negros también) sin ninguna cara a la vista.
"Mmmm, te me hacías conocido" - dice la melena mientras continúa tratando de dislocarme el brazo - "¿Cómo está tu tata?"
(Ouch) "Tuanis" (Grunt) "Dando clases."
El pelo se vuelve hacia Lucas - "El Tata de este mae esta en todas" - Retorna a mí, y se acerca todavía más, hasta que el montón de pelo está casi rozándome la nariz, pero sigue siendo demasiado como para poder ver facciones debajo - "Mae, dígale a su tata que el Troll le manda saludos."
Y con eso, finalmente, me suelta.
Por los próximos 15 minutos (mi reloj funciona de nuevo) Lucas intercambia comentarios con la cosa de las sombras como que el mundo no se fuera a acabar: qué hay del negocio, por qué no había vuelto, si cierto libro de Palahniuk está en la cueva o no, cómo está el Cachorro y otra cantidad de cosas sin la más mínima relevancia. Yo comienzo a vagar entre los estantes, solo por ver qué me encuentro, y cuando vuelvo están a media conversación.
"¿A Harry?" - pregunta el troll, encogiéndose de hombros - "No, no lo he vuelto a ver. Terminó con una novia hace poco, así que está en modo todas-son-unas-putas-que-se-venden-por-una-teja-y-medio-plato-de-arroz."
Pausa para atender a un hombre a quien asumo aprecia más que al slacker de hacer un rato, porque no le tira el vuelto en la cara - "¿Qué pasó con Harry?"
"Nada, es que me llegaron a decir que se va a acabar el mundo."
"¿El de quién?"
"Católicos. Y supongo cristianos, mormones, panderetas y otros derivados; pero no estoy seguro."
El troll se lleva la zarpa adonde asumo debe estar la cara, para lo que puedo suponer es rascarse la barbilla de medio metro de ancho.
"Hmm, algo me dijeron. Pero la verdad, como la mayoría de mis clientes no se molestarían, no me preocupé."
"¿Y por qué carajos no me habías dicho?"
"Mae, no se me acelere" - contesta el Troll, en un tono que no estoy seguro sea amigable - "Usted es el que siempre dice que viene mañana y se vuelve paja. Además, no hace diferencia para vos."
Lucas vé encolerizado hacia la mata de pelo que está metro y medio arriba de él. Ambos se quedan inmóviles hasta que de repente parece que el Troll comprende.
"Y mae, cierto, Eris. Sorry, no lo había pensado."
Luego de lo que parece considerar una pausa apropiada, Lucas responde.
"Sí, Eris. Y necesito saber de Harry, porque él puede averiguar las cosas mucho más rápido que yo."
"Uhum. Vos lo pensás mucho antes de quebrarle los dedos a alguien."
Así que poco más de dos horas, un corte de pelo y múltiples intentos - totalmente exitosos - de avergonzarme después estamos repitiendo el ritual: el balbuceo antes de entrar al túnel, el correr detrás de Lucas, las distracciones constantes - como cuando me topo de frente al ratón de slacker de temprano, el sucio maletín sostenido cerca del pecho, quien con mirada de perdido me pregunta que si sé donde está la salida ...
"Yo!"
"Voy! Lucas, es que este mae ..."
"... me importa un pito. Apúrese."
Hasta que una vez más llegamos a la cueva cuando el Troll está abusando sicológicamente de algún cliente. Lucas me promete que esta va a ser una visita rápida, así que me entretengo en la sección de comics mientras lucas me llama de nuevo.
"Yo!"
"¿Sí, Lucas?" - respondo levantando la mirada de Wildcats, Swimsuit Edition.
"Vámonos."
Dejo las revistas y me acerco al mostrador, al lado de Lucas. La garra sale de nuevo de las sombras como para despedirse.
No mae, sorry, ni a putas, casi me quiebra la mano la vez pasada - así que levanto la mano y me despido a distancia. "Tuanis, nos vemos."
Cuando me doy media vuelta para irme con Lucas, una carga de ladrillos que me golpea el hombro y siento la zarpa del troll agarrándome.
"Cuál tuanis. Son tres rojos por las Supermán."
"Ouch."
Masajeo el hombro, tratando de atenuar el dolor de donde recibí el mazaso de la garra del Troll. El clima ártico de la noche no hace absolutamente nada por ayudar y tampoco coopera el hecho de que el viento esté soplando con fuerza, acribillándonos de agujetas de agua helada.
"Jueputa metáfora..."
¿Huh? "¿Huh?"
"Creo que estabas pensando en voz alta."
"Ahh... Lucas, manda la parada" - reclamo desganado - "eran tres revistas."
Lucas continúa observando el cielo sobre las pocas casas que se ven. El estar en un parque en Rohrmoser a temperaturas lo suficientemente bajas para que se me haga escarcha en las cejas, cerca de la media noche, en invierno, no parece importarle.
"Debiste habérselas pagado antes", responde Lucas bajando del hombro el maletín que recojimos temprano y poniéndolo al lado suyo en el suelo.
"Diay, no sabía. ¿Cómo iba a saber que los túneles eran parte de la cueva? Bueno, de la tienda. O de lo que fuera."
Lucas se encoge de hombros sin sacar las manos de los bolsillos de la chaqueta que es un poco más gruesa que un oso polar.
"Diay, no sé. Preguntándome."
"Creí que no eran de nadie."
"Todo es de alguien. No hay almuerzos gratis." - Y con eso, retoma su vigilancia del horizonte.
Hay veces que uno se pregunta por qué le dice amigo a este carajo.
Nada de esta situación tiene ni pies ni cabeza. De hecho, desde que conocí a Lucas hace como tres años años siempre han habido cosas raras, pero uno tiende a descartarlas como excentricidades, detalles de personalidad o simplemente poses; carajadas que hace para verse interesante. Después lo conocés un poco mejor y te dás cuenta de que en realidad el tipo es una masa ambulante de contradicciones que de alguna forma se reconcilian y que es más un asunto de aceptarlo que de entenderlo. En el momento en el que asimilás eso, las salidas ocasionales son fácilmente descartadas como una faceta que no conocías, y dejan de sorprenderte.
Al menos hasta que te mete a un laberinto de libros, te presenta a un Troll, insiste en que la realidad es una pregunta de selección múltiple y resulta que el Diablo le debe un favor. Todo en menos de doce horas.
"A todo esto" - pregunto tratando de romper la monotonía - "¿qué favor te debía ese tipo?"
"¿Lucifer?"
"Er... sí."
"Pleito de bar" - dice sin quitar la mirada de los techos de las casas - "Sostuve a un gorila mientras que él le quebraba una botella en la cabeza".
"¿Cómo?"
"En serio. ¿Ves esto?" - señala una pequeña cicatriz encima de la ceja derecha - "un pedazo de vidrio me cortó. Y esto, aquí en la barbilla, fue el cabrón tratando de zafarse."
Ya eso estira demasiado los límites de la credibilidad. "¿Cómo es que el Demonio necesita ayuda para noquear a un tipo en un pleito de bar?"
Lucas se encoge de hombros una vez más. "Larga historia".
Cuando quiere hablar no hay forma de detener el sermón, pero ocasionalmente jurarías que trata de ser lo más lacónico y obtuso posible.
Trato de calentarme moviendo los brazos un poco dentro de mi chaqueta, que no es ni la mitad de caliente de lo que debiera, y siento el peso de la grabadora en el bolsillo de adentro. La había olvidado por completo.
"Mae, Lucas, ¿te importa si seguimos con la entrevista mientras esperamos ... por lo que sea que estemos esperando?"
"A quién"
"¿Qué?"
"No es lo que, es a quién. Harry, específicamente"
"Sí, en cualquier caso, ¿continuamos?"
"No problemo."
[REC] Lucecita roja se enciende. Acomodo el micrófono en el borde de la chaqueta. Me aclaro la garganta.
"La primera vez que ví la foto de la niña" - digo en dirección a la chaqueta - "estaba seguro de que era un montaje. Una de esas cosas hechas para ver la reacción de la gente. Sin embargo, la imagen en los negativos hace que tenga más peso, porque descarta la posibilidad de que fuera hecho digitalmente."
"Bueno" - interrumpe Lucas, siempre jugando al abogado del diablo - "igual podría haberlo falsificado con métodos ópticos. Por ejemplo, en el cuarto oscuro..."
"Déjame llegar a la pregunta."
"OK"
"Dado que asumo que cuando tomaste la foto no la viste, ¿qué pensaste cuando encontrarse una imagen que alguna gente dice es un fantasma en las esquina de un negativo?"
"Me sorpendí. No pensé que fuera a salir."
"Y además no fue la última" - continúo del guión que me preparé en la cabeza - "Con fotos posteriores hay otras siluetas y figuras que en algunos casos han sido claramente iden ... suave ... ¿cómo que no pensaste que fuera a salir."
"No pensé que la niña fuera a salir en la foto."
Momento. Pausa. Stop, mejor. Lucas sabía que la entrevista iba a ser publicada, sin importar si lo que él dijera estropeaba el mystique alrededor de sus imágenes. Y para los de ustedes que no las han visto, Lucas había hecho una carrera en los últimos años con exposiciones de fotografías pedestres: pasillos en casas, altares de Iglesia, parques públicos (en algunos casos vacíos, a veces atestados de gente), deshuezaderos, restaurantes, mataderos, museos.
Lo que diferenciaba a las fotos de Lucas era que en todas aparecían siempre figuras fuera de lugar: mujeres en un parque en vestidos que pasaron de moda hace décadas, por ejemplo; o un hombre desfigurado en el asiento de adelante de una avioneta que fue destrozada en un accidente; o la foto que Lucas había publicado originalmente, en una exposición de un salón vacío con una sola imagen de 8x12 en el centro: un pasillo derruído debajo del viejo asilo de tuberculosos, donde claramente se podía ver la figura traslúcida de una niña usando un vestidito de un estilo que no se usaba aquí hace más de cincuenta años.
Las exposiciones nunca iban acompañadas de información técnica, lo cual nada más servía para avivar la especulación - y el interés - en las fotografías. Pero el golpe maestro había sido hace poco más de dos años, cuando una joven en una presentación se había desmayado al reconocer a una figura en la fotografía de los restos de un Audi tomada en una chatarrera. Su novio, según le contó a cuanta persona quiso oírla apenas recuperó el conocimiento, se había matado en un Audi hace poco más de seis años.
(Dicen que Lucas, en una despliegue de what-the-fuckery como los que hace normalmente, cándidamente ofreció regalarle una copia de la foto)
No que ese incidente se publicara en algún momento, pero los snobs que tienen dinero desechable como para comprar impresiones de fotos de 40x32 pulgadas tienen una forma de enterarse de las cosas; así que copias de esa y las siguientes exhibiciones se agotaron. Lucas nunca desmentía ni respaldaba los comentarios - de hecho, no hablaba al respecto del todo, lo que hace que este favor personal de una entrevista sea todavía más importante (y estoy seguro, me vaya a costar más caro en el futuro).
"Entonces" - retomo la entrevista luego de recuperar la compostura - "¿Estás diciendo que la imagen fue el resultado de algo premeditado?"
"De un esfuerzo consciente, sí"
"¿Pusiste al a niña en el negativo, entonces?" - digo, tratando de eliminar la inseguridad en mi voz al estar entre publicar una exclusiva y hundir el negocio de un amigo, esperando que Lucas tome el temblor como solo un resultado del frío.
"Técnicamente, supongo que sí. Si lo que me estás preguntando es si la monté en la imagen posteriormente, no."
"No entiendo. ¿Por qué esperabas que saliera? ¿Estaba en el asilo?"
"Sí. Técnicamente sí."
"¿La foto es, entonces, el resultado de un efecto óptico de una niña que estaba ahí en un principio?"
Lucas deja de ver el cielo (las estrellas no parecen haber cambiado) y se vuelve para verme directamente a los ojos.
"No estás haciendo la pregunta correcta", me dice.
"¿Cómo?"
"¿Pusiste la chiquita en el negativo? Técnicamente sí, yo tomé la foto. ¿Estaba en el asilo? Sí. ¿Es una chiquita? Eso parece. ¿Fue hecha en cuarto oscuro? Sí, la impresión fue hecha en un cuarto oscuro. Ad nauseam."
"¿Entonces? ¿Vas a tener la arrogancia de decirme como llevar la entrevista?"
"Sí. Pregúntame: ¿es la chiquita de la foto un fantasma?"
No puedo creer que sea lo suficientemente presuntuoso como para eso. Nadie lo tiene. "¿Crees que la chiquita ...?"
"No, sin 'crees'. Lo que importa es lo que sea cierto."
"Ah mae, va pa'l carajo. ¿Es la chiquita de la foto un fantasma?", pregunto echando humo por las ojeras del colerón.
Lucas ni pausa antes de responder, totalmente desinteresado en si la respuesta lo va a hacer ver como un maniático o le va a perder negocio.
"Sí", contesta.
No me quita la mirada de encima, examinando mi reacción. Estoy seguro de que lo que está haciendo es esperando a que asienta, para burlarse de mi credulidad; o a que le pregunte algo más, para darme otro sermón; o a que me ría, para verse ofendido; así que enfrento su mirada fijamente y la entrevista se convierte en un juego de gallina, para ver quién parpadea primero.
Yo pierdo. Puta llovizna constante. Pero es Lucas el que habla primero.
"Sí" - pausa para reacomodarse la chaqueta - "Elena Madríz Castillo".
"¿Qué?"
"La chiquita de la foto".
"Pero dijiste que no tenías idea de donde había salido".
"Hmm, no es cierto. Recuerdo haber dicho que no sabía quien era".
"Pero sí sabés".
"No sabía cuando me preguntaron, pero luego investigué un poco. Murió en el asilo hace como 50 años".
"Ah. Oíste la historia de que había fantasmas, y tomaste la foto de los archivos para montarla en el negativo", comento, comprendiendo al fin.
O eso creí, dado que parezco exasperarlo.
"No. Poné atención, voy a hacerlo paso a paso. Estaba en el asilo tomando fotos de la Iglesia, veo a esta niña en un vestido anticuado, apareciendo y desapareciendo en el pasillo"
Pausa un momento para ver si le estoy poniendo atención.
"Asumo que es un fantasma (digo, es lo más razonable). Y por más que me impresiona porque es el primero que veo en años, dado que tenía la cámara ya en el trípode le tomé algunas fotos de larga exposición esperando que saliera. Cuando revelé el negativo creí que había sido suerte, pero luego me dí cuenta de que hay un método"
"¿Ya has visto fantasmas antes?" - pregunto, entendiendo mientras lo hago lo estúpido que es preguntarle algo así a un tipo que dice que el Diablo le debe un favor, y consciente de que no estoy haciendo nada para eliminar lo bizarro de la noche.
"Claro" - obviamente - "pero era un carajilo. Yo, no el fantasma. Entonces para serte sincero no tengo todo el episodio muy claro. Tendrías que hablar con mi madre."
El silencio es tal que suenan grillos en el fondo.
"En cualquier caso" - retoma - "la chiquita de la foto se llama Elena Madriz Castillo. En la foto tiene nueve años de edad, tuberculosis avanzada y más de medio siglo de muerta. Y sí estaba en el asilo cuando tomé la foto."
Eso lo explica, pienso. Ahora ya sé por qué me dió la entrevista: nada más no espera que en realidad publique los delirios de un demente.
Detengo la grabadora para esperar y poner mis pensamientos en orden. De verdad que con este infeliz es peor que hacer un pacto con el diablo: nunca sabe uno cuál pequeño tecnicismo va a ser con el que salga para no cumplir exáctamente con tu deseo. Y como que fuera poco, me comprometí de antemano a pagarle un favor, así que me quedé sin Inés y sin el retrato. O algo así. ¿Y ahora para adonde va este cabrón?
Lucas dá un paso hacia adelante, estirando el cuello para ver algo entre los techos de las casas y los cables de la luz. Otro paso más, y levanta la mano sobre su cabeza como saludando a algo que no acabo de distinguir.
"Suave, ¿qué fue eso?" estoy seguro de que una sombra se separó de un techo y saltó a otro, pero ... "Ahí, ¿lo viste?"
No me contesta y vuelve a meter las manos en los bolsillos de la chaqueta.
La sombra se mueve. Salta de techo en techo, hacia postes, se balancea en cables de alto voltaje antes de brincar a un árbol, de ahí a otro techo, un carro, otro árbol, corre por cables como que fueran plataformas y da una vuelta en el aire para caer (puta!) a menos de cinco metros nuestro.
La cosa (que ahora puedo ver como una figura humanoide) se yergue, estirando su delgada figura cubierta de pelo, dientes y malas intenciones, hasta llegar a una avasallante estatura de ... bueno, como metro sesenta ... pero la pura malicia que iradia de los ojos hundidos debajo de las cejas rojizas compensan por el tamaño. Puedo ver donde tensa varios músculos, todavía no totalmente erguido, casi lupino, listo para saltar ...
Y lo hace. Directo hacia nosotros, extendiendo los brazos de forma que puedo ver las garras que tiene por uñas y los nudillos llenos de un grueso pelaje. Hago un sonido que debe ser idéntico al de un cachorro ahogándose y trato de retroceder, solo para tropezarme con algo y rodar por el zacate húmedo.
La masa de tendones y pelo no parece ir por mí sino por Lucas, y no entiendo por qué no está corriendo sino que abre los brazos como para recibir a la bestia en el aire, como que fuera a forcejear con la fiera que sigue hacia él. El choque golpea a Lucas, quién cierra los brazos para hacer una llave e inmovilizar a su enemigo, pero
Lo que pasa es que se abrazan y se palmean la espalda mutuamente.
"¡Diay mano! ¿Cómo has estado? Su alma llama solo si hay que deshacerse de un cuerpo o se va a acabar el mundo."
"Claro que trato" - contesta Lucas pretendiendo sentirse herido - "pero no es fácil encontrar a un Ludita como vos: no teléfono, nada de celular, siempre metido en Guayabo o Cañas o qué se yo qué agujero."
"Uno va adonde está la caza" - contesta el otro, relamiéndose los colmillos y sin soltar a Lucas, pero sonriendo igual - "Chepe se charraleó mucho."
Finalmente Lucas rompe el abrazo, pero mantiene el tono jovial.
"Y dime, dado que lo mencionas, ¿qué sabés de ese cuento del fin del mundo?"
Ahora es el turno del otro de pretender estar herido.
"Ah, negocios siempre. Tenés que relajarte, te va a dar algo. Cualquier día de estos me entero de que caíste con un infarto."
"Bah. Yerba mala y todo eso."
"Igual. Pero y si sé algo, ¿qué tenés?"
Lucas gesticula en mi dirección. Por un momento me congelo, seguro de que me está ofreciendo para que la fiera me coma y comienzo a balbucear argumentos acerca de que estoy muy gordo y le daría colesterol, pero caigo en cuenta de que me tropecé en el maletín que Lucas andaba cargando y que eso es probablemente lo que quiere.
"Está algo tenso este, ¿verdad?", pregunta Lon Chaney con una media sonrisa cuando me acerco despacio a darle la bolsa a Lucas.
"Nada que una buena revolcada no arregle, pero no quiere que le presente a Jessica."
El otro arruga la cara. "Está muy vieja"
"Tiene 19 años"
"Puta, peor de lo que pensaba; hace rato que no la veo. Veamos que tenemos aquí ... ", dice abriendo el maletín. "Hmm, sake. Arigato. Fiambres ... excelente. ¿Y qué es esto? " - pregunta, alzando la uniceja y sosteniendo algo que parece ser una foto que no puedo ver bien.
Lucas se la quita con un acto de presdigitación y la guarda en la chaqueta. La cosa arquea la espalda y aulla, mirándonos luego con un gruñido mientras pela los dientes y abre y cierra los puños, pero Lucas permanece impávido.
"Eso es el postre" - le dice - "Primero necesitamos información."
Al día siguiente Tyler se había ido.
Quedo con Lucas de vernos al día siguiente en la noche. El cultista a la puntualidad, el maniático de la llegada temprana, aquél que me tuvo congelándome la noche anterior en un parque en caso de que el carajo al que esperaba llegara antes, me hace esperar por más de una hora hasta que me aburro y me voy para la casa, luego de llamarlo varias veces - sin éxito alguno - al celular.
El jueves, viernes y sábado siguientes son exactamente iguales: me dedico a llamarlo varias veces al día, poniéndome cada vez más nervioso porque debiera ser obvio que la entrevista no puede continuar sin él, hasta que comienzo a recibir el mensaje de que el casillero está lleno y me queda como única opción llamar para ver si ha tenido la decencia de vaciarlo.
El siguiente domingo me despierta la insistencia del teléfono, cuando a la cuarta llamada ya no puedo ignorarlo más. Estiro el brazo, tratando de ignorar el jalonazo de dolor que me viene molestando hace días, y tanteo entre los papeles, revistas, medias, camisetas, algunos CDs, un par de pinceles y algo peludo (creo con rabo) que no se mueve lo suficientemente rápido como para que parezca que huye asustado, sino que nada más se corre con la tranquilidad de alguien que está siendo incomodado pero está dispuesto a tolerar al intruso, hasta que encuentro el teléfono.
"¿Huhhloh?"
"Mae, soy yo." Pausa. "Puta mierda, siempre detesto cuando la gente dice eso."
Espera de nuevo.
"¿Estás?"
Los engranajes mentales, definitivamente herrumbrados por demasiadas horas de sueño, comienzan a crujir mientras tratan de girar para abrir el pesado portón que no deja que escape ninguna idea coherente, hasta que luego de una eternidad entiendo quién llama.
"Lhuckhas"
"Sí, Yo. ¿Te desperté o algo?"
"Maenountoquehaceratoque... suave... sorry... sí"
"Diay. Sorry. Mexicano, 2pm"
"¿HuhComoAdonde?"
"El Mexicano. En Chepe centro, no el mío. Llegue, luego hablamos."
Alejo un poco el teléfono y hago bizco para tratar de ver la hora sin pasar media hora buscando los lentes.
"Maesonlasonce"
"Once y cuarto", contesta, y ahora que la cabeza se está aclarando me parece que la voz le suena más rasposa, como que estuviera con gripe o hubiera forzado mucho la garganta.
"Muytemprano." - trato de sumar horas en la cabeza - "¿A las 3 te sirve?"
"Mae, déjese de mierdas. Primero me deja trescientos cuarenta y un mensajes por la puta vara de la revista y ahora las 2 no es conveniente. Lléguese o váyase a la mierda."
Y cuelga.
Luego de bañarme y conforme la cafeína de la primera taza en la mañana va goteando poco a poco en mi cerebro, me cae la peseta de que tiene que ser la primera vez que oigo a Lucas con ese tono. Mientras me rasuro, considero que es la primera vez que lo escucho salir con algo tan crudo. Y manejando hacia el Mexicano, termino de convencerme que algo está seriamente mal.
El Mexicano es este restaurante en Plaza Víquez que comenzó hace como diez año en un garaje, y que ha ido creciendo hasta convertirse and una micro franquicia que tiene dos restaurantes en San José y uno en Alajuela. Lucas aparentemente iba al Mexicano desde el principio, lo que se demostraba en como lo trataban. Si algo tiene este carajo es gusto para la comida: no importa si es el rincón más pequeño y chinchorro de empanadas en San José Centro o el lugar ultra-posh de carnes en Escazú, si te lo recomienda vale la pena ir.
No lo encuentro cuando llego al restaurante. Al contrario del Turco, donde Lucas tiene una mesa reservada siempre, aquí se sienta normalmente en la barra así que tengo que buscarlo por la atestada taquería. A la tercera pasada, alguien que no conozco me hace un gesto desde una mesa en una esquina. Es un tipo desaliñado, ojeroso, con el pelo desarreglado y al menos tres días sin rasurarse. La ropa se vé de buena calidad, pero también parece que estuvo metido en un pleito que involucró barro y ladrillos, por no mencionar que da la impresión de que la tenía puesta desde la semana pasada. Mientras me pregunto de qué caño se vendrá levantando y por qué Ernesto - el Mexicano mismo - lo habrá dejado entrar, algo de repente cae en su lugar y se me enciende un bombillo en la cabeza.
El indigente de la mesa es Lucas.
Camino despacio hasta adonde está. Encorvado, sosteniendo un vaso que parece contener una Alka-Seltzer y con esa apariencia termina viéndose en general como que hubiera perdido la pelea contra un camión cisterna lleno de whisky. Cuando me siento al frente de él, estoy tan aturdido por la aparición que no acato a hacer nada más que sentarme y verlo.
"Buenas tardes a vos también" - gruñe.
"Sorry" - silencio incómodo - "Mae, Lucas ... ¿estás bien?"
"Sí. No, en realidad no. Pero tranquilo, al rato se me pasa. Nada más es cuestión de terminar con esta madre y listo."
"¿Qué madre?"
"Toda esta estupidez del fin del mundo. Los cabrones decidieron hacerlo personal."
Doh. Cierto - concentrado totalmente en las cosas de la revista, había olvidado que Lucas y su circo de fenómenos andaban con esa obsesión. De repente todas las imágenes que tengo en la cabeza como de un sueño - el Troll, el poser que Lucas insiste es el diablo, el Hombre Lobo - todas vuelven de golpe a mi consciente.
Y antes de seguir escuchando a Lucas, la imagen de la bestia carnívora cubierta de pelo vuelve a mí como una pesadilla que había insistido en olvidar.
La cosa arquea la espalda y aulla, mirándonos luego con un gruñido mientras pela los dientes y abre y cierra los puños, pero Lucas permanece impávido.
"Eso es el postre" - le dice - "Primero necesitamos información."
'Harry', como Lucas llama a la fiera salvaje, toma un paso hacia atrás. Las fosas nasales se dilatan y la figura se encorva un poco, mientras que los ojos vacilan entre Lucas y yo. Lo que sea que está pensando, no puede ser bueno y la verdad no quiero saberlo.
Lucas, por supuesto, me hace el favor.
"Sí" - le dice al depredador - "Sí nos podrías matar a ambos antes de que te interrumpieran. De hecho, probablemente hasta podrías filetear a uno."
"O ponerme creativo" - contesta el otro - "Arrancarles pedazos... o roer el muslo pegado al cuerpo ... o ... o ..." - y parece atragantarse en su propia saliva ante el hambre y la emoción.
"Cierto" - contrarresta Lucas, más fresco que una lechuga - "Pero te estarías perdiendo lo mejor."
El otro relaja la pose con cierto grado de curiosidad. Lucas nada más inclina la cabeza y palmea el bolsillo de la chaqueta donde metió la foto que le arrebató.
"¿Y ... sí te torturo?" - pregunta el otro con un brillo en los ojos.
"Vos sabés que no sacás nada."
"Bajo tortura... no creo que te aguantarías."
"¿Ahá? ¿Quién fue el que una vez ganó jugando gallina contra un árbol porque logró que el árbol se quitara antes de chocar con él?"
Harry finalmente parece colapsar y su voz pierde ese filo que había tenido.
"Mierda. Sos demasiado terco." Inmediatamente el brillo le vuelve a los ojos, y dá un paso hacia adelante. "Pero este se vé como que cae fácil" - y se me hiela la sangre cuando eso sale de la boca llena de colmillos.
Lucas no se vé impresionado. "Sí, probablemente".
La fiera da un paso en mi dirección, y paralizado en mi lugar, lo único que tengo en la cabeza es el reflejo de la luz de la luna en los dientes de la bestia y las uñas del velludo brazo que extiende hacia mí.
"Creo que a este lo quebraría fácil" - sin volver a ver a Lucas mientras que, en cámara lenta, la masa de tendones tiembla de la expectativa con cada paso. "Y si a vos no puedo sacarte lo que quiero, luego de media hora de oír a este gritar seguro te ponés más cooperativo."
Y cuando dice eso, está tan cerca mío que puedo ver perfectamente las pupilas contraídas, cada pelo de la uniceja, los restos de algo que parece carne pegados entre los dientes, y estoy tan ocupado probando que no hay ateos en las trincheras que no es hasta luego de unos segundos que registro el dolor de la garra de la bestia hundiéndose en mi antebrazo izquierdo tan hondo y tan fuerte que puedo sentirlo raspando el hueso, encontrando nervios y deslizándose a lo largo de estos; y cuando el dolor finalmente para porque el Grendel que Lucas estaba abrazando como un amigo cercano dos minutos antes al fin dejó de tocar violín en puntos de dolor, no puedo evitar convertirme en el estereotipo de narrador que en un momento de claridad entiende que era él quien estaba dando alaridos.
En el Mexicano, arrollo despacio la manga de la camisa, de repente de vuelta a cuando tenía 6 años y no quería ver dentro del closet porque estaba seguro de que el monstruo de mi sueño iba a estar ahí. Cuando eso pasaba, luego de horas de agonía finalmente brincaba de la cama y tiraba las puertas de par en par, mientras cerraba los ojos y volvía la cabeza y contenía la respiración hasta que, segundos después, exhalaba aliviado cuando nada había saltado a comerme y podía abrir los ojos de nuevo para ver que solo había ropa.
Esta vez, a pesar de mis esfuerzos, no puedo volverme hacia el brazo, y los ojos se quedan clavados en la figura añeja y desharrapada de Lucas mientras mi mano derecha se desliza hacia arriba, pasando el codo, y cuando voy a exhalar tranquilo porque no he encontrado nada y todo tiene que haber sido una pesadilla, siento algo áspero en la parte de atrás del antebrazo.
Lucas asiente despacio y toma un sorbo de su Alka-Seltzer.
En el antebrazo izquierdo tengo cinco cicatrices de un color rojo furioso, con puntadas frescas cerrando las aberturas que hicieron las navajas que 'Harry' tiene por uñas.
Cuando recupero el aire luego de gritar, todavía no puedo separar la mirada de los ojos de la cosa. Es así como se sienten las gallinas cuando el gato se acerca calmadamente hacia ellos y por más que podrían tratar de huir se quedan ahí congeladas. Tan hipnotizado estoy, que es solo porque Harry se vuelve hacia Lucas y arrastra mi mirada con él que puedo ver como reaccionó este.
Lucas asiente despacio y toma un sorbo de la botella de sake. La debe haber abierto mientras su amigo me torturaba.
El otro deja caer mi brazo inmediatamente, rompiendo el hechizo, y yo colapso en el suelo sin poner atención a la sangre que va chorreando hacia mi muñeca.
"Aww mae" - dice la fiera - "No te tomés el sake frío. Esa vara es sacrilegio."
"Es que tenés razón", contesta Lucas, "no voy a aguantar oír a este gritar."
"¿Entonces me vas a decir?"
"No. Voy a irme. Pero quería probar el sake antes - vieras que está bueno."
El lobo suelta algo que es entre una carcajada y un gruñido. "No jodás, no podés irte. Primero, no podrías huir de mí. Y segundo, si te vas termino con este."
Lucas se encoge de hombros. "No me vas a cazar, todavía me debés un favor; y tu sentido del honor no te permitiría hacerme nada antes de pagármelo. Y al respecto de este, dale viaje. Tengo cosas más importantes que hacer."
Y con eso, le pone el corcho de vuelta a la botella de sake, se la tira a Harry (quien la ataja en el aire sin ni volverla a ver), dá media vuelta y comienza a caminar.
Si no estuviera en shock probablemente saldría corriendo. En el estado actual, todo lo que puedo hacer es quedarme tirado en el suelo, temblando de frío y miedo, mientras la bestia se queda de pie y vacila entre mi figura postrada y Lucas alejándose. Finalmente, pierde la pose combativa y la figura colapsa en la actitud de un chiquillo que se dió cuenta que no va a ser tan fácil salirse con la suya.
"OK, OK" - grita en la dirección de Lucas - "Vos ganás. Te averiguo esto y quedamos a mano."
Lucas se detiene, vuelve a ver a Harry, y camina de vuelta con las manos en los bolsillos de la chaqueta, sin ninguna preocupación en el mundo.
"No, ya aceptaste el sake y los fiambres. Esta te la estoy pagando, todavía me debés el favor.", dice con una sonrisa cuando está a un brazo de distancia de Harry.
El otro comienza a sacudirse de ira, pero Lucas continúa antes de que haga algo.
"Recuerda la foto. Esta va a valer tu tiempo."
El Lucas que tengo ahora al frente, sin embargo, no parece tan optimista.
Eso es en realidad lo último que recuerdo. Supongo que Lucas debe de haberme llevado a que me cosieran - o haberlo hecho él mismo - pero no puedo acordarme de nada. En este momento, la impresión que me da es que su amigo decidió dejar el honor de lado e ir directamente a la fuente.
Lucas me ve desde atrás de sus ojeras, y puedo ver cien copias de él en las refracciones del vaso de trago en el que tiene el antiácido, cada una de las copias esperando a que yo termine de asimilar lo que pasó hace cuatro noches.
No nos queda más que observarnos mutuamente por un rato. Yo, reconciliando la realidad sin eventualidades a la que estoy acostumbrado con la que ahora estoy seguro no puede haber sido una pesadilla; y Lucas, supongo, con lo que sea que ocurrió en estos días que terminó dejándolo en ese estado.
Finalmente la curiosidad me vence y le pregunto qué fue lo que pasó.
"Larga historia" - es todo lo que me contesta mientras se encoge de hombros y toma otro sorbo.
"Ah, no jodás. ¿Me levantás en un fin de semana y ahora no decís nada?"
Lucas me ve durante al menos un minuto, sopesando algo en esa calculadora de riesgos que tiene por cabeza. Al final parece llegar a alguna conclusión y asiente.
"OK, es lo justo. Pero esto es personal, no de la revista"
"Perfecto", respondo. No hay necesidad de decirle que en la carrera de la salida dejé la grabadora en la casa.
"Déjame ver como lo fraseo"
Una mesera se acerca para preguntarme si voy a querer algo, ignorando estudiosamente a Lucas (evidentemente es nueva). Cuando le digo que sí, materializa una orden en blanco de alguna parte del delantal y me dice que si tengo alguna duda con el menú, que le pregunte. Inmediatamente desaparece sin darme la oportunidad de pedirle un lapicero. Cuando me vuelvo de nuevo hacia la mesa, el Cross plateado que Lucas siempre lleva consigo está sobre la orden.
Al menos parece que no fue que lo asaltaron.
Se queda inmóvil mientras reviso la orden y marco lo que quiero (molletes, sopa de tortilla, café), mientras hago hasta lo imposible por conseguir la atención de la mesera y aún cuando tengo que levantarme a tratar que alguien más me reciba la orden. El servicio, normalmente estupendo, hoy está terrible.
Diez minutos después, cuando me sirven la sopa y consigo que me traigan la deliciosa salsa de chipotle que hacen, Lucas todavía está haciendo su personificación de un zukia de piedra, así que vacío una buena parte del chipotle en la sopa de tortilla, que hasta humea de lo caliente que está y hace que los vapores del chile me lleguen directamente, y luego de revolverla un poco con la cuchara comienzo a comer. No voy ni por la mitad cuando el sabor del chipotle (¡puta chile más rico!) hace que comience a moquear.
"La vida es como la buena comida mexicana: si no te tiene suficientes especias para sacarte las lágrimas y aflojarte la nariz, no vale la pena."
Casi se me había olvidado que estaba Lucas. Voy a hacer un comentario, pero tengo la boca llena de sopa. Y la verdad, mejor me quedo callado - bastante le costó agarrar el impulso.
"Yo sé" - dice, como previniendo una objeción - "frase cursi. Pero fue lo que se me ocurrió. Y alguien tenía que decir algo. En realidad tenía que decir algo yo. Digo, mientras pensaba en como poner las cosas."
Para ser alguien que se jacta de tener una respuesta para cualquier pregunta retórica - créanme, lo hace - parece estar teniendo bastantes problemas con esto; y en un momento de lucidez creo que entiendo por donde va la cosa.
"Qué te digo..." - continúa - "¿Sabés como es cuando estás en una relación larga, y como la otra parte es importante para vos se hacen sacrificios? ¿O como tendés a poner a la otra parte ante que a otros, dado que sus intereses son cercanos a los tuyos? Pero de repente llegas un día y algo cambió y te insisten que todo es igual pero... lo que están haciendo en realidad es insultarte y mejor te hubieran escupido en la cara que quedarse ahí sonriéndote como que nada hubiera pasado, insistiéndote que es lo mismo, que no va a cambiar nada?"
Parece darse por vencido. "Nah, qué vas a entender. Además acabo de hacer un enredo".
Es exactamente lo que pensaba. Lo dejaron botado. Le dieron los 20. Es raro verlo vulnerable, así que decido hacer un comentario que de otra forma me guardaría.
"Claro, me ha pasado", digo, luego del último sorbo de la sopa. "Toda esa paja de 'no sos vos, soy yo' o 'todavía podemos ser amigos'. La detesto." Trato de acordarme del nombre de la chavala que han estado mencionando. "Pero Lucas, al menos con Ellis fuera de la situación ya no tienes que preocuparte del apocalipsis."
Lucas se queda absorto en el vaso donde tenía su Alka-Seltzer y, poco a poco, lo que dije parece hundirse en su conciencia.
"¿Qué?"
"Es decir, aunque de verdad sea cierto que 'lo hicieron personal', como dijiste, y tengan algo que ver con que Ellis terminara con vos, al menos ya no tienes que preocuparte." Agarro impulso. "Al carajo con ella, no sabe lo que le conviene. ¡Ahora le toca que se acabe el mundo junto con toda la otra gente!", concluyo en tono triunfal, gesticulando con el dedo índice y entonces, con un sentido de tiempo perfecto, me sirven los molletes y el café.
Lucas se incorpora en la silla, asumiendo una semblanza de su actitud usual. Tiene un brillo en los ojos que sé reconocer como la mirada de cuando algo no le gusta, pero la verdad es que nadie lo tiene predicando tanto acerca de la sinceridad. Ahora le toca probar eso de que la honestidad vale más que el tacto.
Yo decido no jugar ese juego de sostenerle la mirada. Le pego un mordisco a una de las tostadas de los molletes y llevo la mano hacia la taza de café, intencionalmente ignorando a Lucas hasta que se le baje el colerón. La taza de café no está. Siento los ojos de Lucas haciéndome un hueco en la cabeza, y levanto la mirada justo a tiempo para verlo terminando de bajarse el café de un sorbo, para luego poner la taza vacía de vuelta en la mesa como que fuera un vaso para shots.
"Primero que nada" - me dice aprovechando que todavía estoy masticando el mollete - "se llama Eris. Si vas a usar su nombre, úsalo bien. Y segundo, ¿de donde putas sacás que esto tiene algo que ver con ella?"
"Er ... mae ..." - munch munch munch trague... trate de no atragantarse... bien - "Diay... toda la hablada... diay... lo de la vida y las lágrimas y la relación... y lo de que era personal..."
La mirada de Lucas no se mueve, las cejas no cambian su rigidez, las líneas de la cara se quedan como en piedra, los ojos se siguen viendo como llamas rojas y verdes al fondo de una cueva de ojeras, y de repente suelta la risa. Es una carcajada profunda, honesta, que le sacude todo el cuerpo, y en el proceso le quita la expresión de muerto en vida y como diez años de encima. Se ríe por tanto tiempo que se le salen las lágrimas y se pone morado, y me da tiempo de terminar la comida y pedir otro café antes de que se detenga. Cuando ya está comenzando a atraer la atención de los clientes, finalmente se queda sin aire.
"Tenés razón" - me dice secándose las lágrimas - "Puesto así, entiendo la impresión que te dio."
"¿Entonces?"
La cara agarra de nuevo la expresión más sombría que tenía antes, y se encoje de hombros de nuevo. "Los turcos vendieron el restaurante."
Ahora soy yo el que está confundido. "¿Qué? "¿Los turcos donde estuvimos el martes?"
Asiente.
"¿Y eso como es un ataque personal? ¿Y qué tiene que ver con el fin del mundo?"
"Honestamente no entendés, ¿verdad?" - me pregunta, no con su tono pedante usual, sino con algo que podría ser curiosidad sincera.
"No, Lucas. La verdad me perdiste."
"OK, así está la cosa. Yo sé que teníamos una reunión el miércoles en la noche, pero yo siempre, invariablemente, llueve o truene, voy los miércoles al Turco pare ver el baile de vientre; así que decidí que iba a ir y a escaparme temprano para nuestra reunión."
"Hasta aquí vamos bien"
"Bueno. Pues la cosa es que llego al Turco, saludo a la gente, camino hacia mi mesa - no hagas esa cara, es MI mesa - y la mesa en la que me he sentado cada miércoles por los últimos cuatro años, la mesa con mejor vista del área del baile, está ocupada. Tiene que ser un error, ¿cierto? Así que llamo a los Turcos y, muy apenados, me dicen que esa gente son amigos de los nuevos dueños."
"¿Qué nuevos dueños?"
"¡Exacto!" - golpea la mesa con la palma de la mano, haciendo brincar los cubiertos - "Eso es lo que le pregunto, y me cuentan que le vendieron el restaurante a estos venezolanos, y que nada va a cambiar, que todo va a ser igual, pero que mi mesa ya no es mi mesa. No con esas palabras, por supuesto, pero esa era la idea. Así que, todavía en shock, me senté adonde me acomodaron - prácticamente en la acera - comí y me fui inclusive antes de que terminara el baile."
La mirada se le pierde en algún punto detrás mío mientras parece recordar algo.
"Puta, ¿sabés que ahora que lo cuento no me acuerdo si pagué?". Se rasca la barbilla. "Ahh, al carajo. Si se me olvidó pagar, se lo merecen."
Y con eso se reclina en el asiento. Me toma un par de segundos entender que esa es la historia completa. Mientras me sirven la taza de café, le confieso que todavía no entiendo.
"Es un ataque personal, ¿ves? Están tratando de atacar las bases de mi mundo. Es un golpe bajo" - dice, llevando una mano a la taza de café - "porque esperan que al eliminar esas cosas que para mí son costumbres mi seguridad se tambalee y sea un blanco fácil."
"¿Esperan quienes?" - pregunto mientras Lucas se toma la segunda taza como que fuera agua - "¿Los cristianos? ¿Los católicos? ¿Dios? ... Suave, ¿no era ese mi café?"
Lucas ve la taza como que le hubiera crecido en la mano. "Creo que sí, sorry."
"¿No es un poco paranoico pensar que todo esto es una conspiración en tu contra? ¿A partir de un único hecho?"
"No"
"Mae, sorry. Sí lo es."
"No"
"Convénceme."
"¿Cuál es mi lugar favorito? ¿El lugar en el que prefiero estar a que estar en la casa?"
"El Turco... Pero es solo un lugar... qué..."
"¿Cuál es el segundo restaurante favorito?"
"El Mexicano. Pero ahí se te cae la teoría."
"¿Por qué?"
"Porque estamos comiendo aquí."
"¿Y por qué estamos comiendo aquí y no en el mío?" (Con eso se refiere al que está cerca de su apartamento)
"No sé... Porque aquí querías reunirte, porque estabas cerca, porque me queda cerca a mí..."
"Eeeeeeeeeeeee" - hace un ruido molesto remedando a los igualmente molestos timbres que suenan en un concurso de televisión cuando alguien comete un error - "Estamos aquí porque, a partir de ayer, el Mexicano de por mi casa ya no es un Mexicano. Ahora solo quedan este y el de La Garita."
"Hmmmm. Igual. Dos eventos. No estás probando nada."
"¿Qué tal estuvo el servicio hoy? ¿Bien?" Pues no, pienso, en realidad estuvo bastante lento. "¿Y has visto a Ernesto por acá en lo que hemos estado?"
"Er... no". Mi mente se sobrecalienta buscando explicaciones. "Pero es posible que esté en La Garita."
"Puede ser. Pero te apuesto lo que querás a que para mañana en la noche la comida aquí va a estar floja, y dentro de cuando mucho tres días va a haber sufrido el mismo destino que el otro. O peor."
"¿Y qué le pasó al de por tu casa?"
"Ahora es un KFC."
Una vez más me encuentro en una situación en la que tengo que esperar a que Lucas se ría, o siga con su diatriba, o dé algún tipo de indicación de si está hablando en serio o no. Pido otro café, el cual finalmente logro tomarme, pero Lucas todavía no da señal alguna de lo que está pasando por su cabeza. Termino en realidad aprovechando el silencio para tratar de calzar lo que me contó en una ventana de tiempo de menos de una semana - no solo me hace falta demasiado para terminar de llenar los espacios en blanco, hay algo molestándome que no acabo de determinar qué es. ¿Cuando fue la última vez que estuvimos en el Mexicano de por donde Lucas?
"Lucas... no es que dude de lo que me estás diciendo o algo..."
"Sí, eso es. Pero dale."
"Digo, yo estuve con vos en el Mexicano de por tu casa hace ni una semana. Antes de que comenzara todo este burumbún."
Lucas calcula por un momento. "No recuerdo la fecha, pero algo así."
"Y les estaba yendo bien. Estaba lleno de gente, y no había nade trabajando en modificaciones."
"¿Cómo, modificaciones?"
"Digo, instalar un mostrador para KFC, freidoras, sillas... es una remodelación completa del lugar."
"Sí"
"¡Entonces es imposible que se haya convertido en un KFC tan rápido! Aún si comenzaron a trabajar el minuto mismo que salimos de ahí, no les habría dado tiempo."
"Por eso te digo que es un ataque personal. Para que cambiaran todo tan rápido tiene que haber mano criminal."
"No es posible."
"¿Qué estarías dispuesto a apostar?"
Dos horas después Lucas me ha subido en un taxi, pasado por el antiguo-Mexicano-ahora-KFC, señalado los rótulos de ¡Gran Inauguración! (con fecha de hoy); observado con una mueca de satisfacción mientras pago y me como, por haber perdido la apuesta, una pechuga de pollo repulsivamente cargada de especias y aceite de freidora (lo que se siente aún más como un insulto porque venimos de comer del Mexicano); declarado que necesita una ducha como que tuviera que convencerme; llevado a marcha forzada hasta el apartamento mientras se lanza en una diatriba acerca del fin del mundo y como la están agarrando contra él nada más porque lo conocen; espantado en el camino a varias señoras que, dadas las habladas de Lucas y la apariencia de que tiene puesta ropa que le robó a un pordiosero, probablemente asumen que se escapó del cercano asilo psiquiátrico; llegado a su casa y llevado por un breve tour de la laberintina construcción, además de advertirme que puedo pasear por donde quiera excepto en los extremos (el estudio/ático y el cuarto oscuro/sótano); tomado una ducha de media hora mientras me quedo exactamente donde me dejó él, en la sala de televisión, revisando la colección de películas, con tal de no dar una vuelta equivocada y perderme una semana en el dentro de los múltiples pasillos, escaleras y probablemente túneles secretos; re-aparecido bañado, rasurado y vestido de la cocina (totalmente el extremo opuesto de adonde lo vi desaparecer la última vez) con dos vasos con antiácidos, para su goma y mi apuesta, los cuales nos tomamos fondo blanco; desaparecido a la cocina de nuevo con la intención declarada de hacer café; emergido de una puerta que no sé adonde lleva pero no está ni cerca de la cocina apenas el agua comienza a hervir; chorreado una taza de café que huele delicioso, y otra más una vez que nota la expresión de deseo con la que veo su taza; y colapsado en un sillón luego de todo esto como que tuviera seis años de no dormir.
"Convencido." - le digo - "De que hay un KFC, al menos. Qué casualidad que haya pasado en la misma semana que lo del Turco."
"Yo, no es casualidad. Es un plan. En serio". Se lleva las manos a las sienes y comienza a masajeárselas con los ojos entrecerrados.
"¿Mucha fiesta?", le pregunto.
"Mae, maso. Hay pocas varas como una goma de whisky. Con algo de vodka. Y Redbull. Ah, y sambuka."
Deja de frotarse las sienes y se recuesta en el sillón, cubriéndose los ojos con un paño húmedo.
"Ah, y algunas Coronas. Y mojitos también, así que ron. Y algo de Drambuie. Y ... " - la frase se pierde mientras se queda probablemente tratando de recordar el alcohol de fricciones y el ácido de batería, que son las únicas dos cosas que creo no ha listado.
"¿Cacique?", trato de ayudarlo.
"No, ¿estás loco? El Cacique es terrible. Aunque.... La verdad no me acuerdo. Tomé Black Label, que es removedor de pintura, al rato le entré al Cacique también."
"¿Y donde fue la fiesta? O más bien, ¿qué hacés en una fiesta si se va a acabar el mundo?"
"No se va a acabar para mí, ¿te acordás?"
"Pero sí para tu... ¿amiga?"
Lucas se endereza un poco y, sin quitarse el trapo húmedo de los ojos, sonríe en mi dirección.
"Buen intento, pero no le jales el rabo a la ternera. Aunque tienes razón, fue irresponsable."
"¿Entonces?"
"Te costaría entender."
"¿Por qué?"
"Porque no puedo explicarlo fácilmente sin una analogía, y vos nunca has estado en una relación larga."
"Claro que sí. Yo te he contado de Carla."
"Bah, esa no cuenta. Ni siquiera te acostaste con ella. Y ha sido la veintiúnica."
"¿Qué? ¿Cómo putas podés decir eso sin saber?"
"Invariablemente, la novia con la que nunca te acuestas es la que más fácilmente te maneja".
El cabrón parece recuperarse rápido. Al menos esta vez nadie lo oyó.
"Es una zanahoria" - me dijo - "Mientras no te la hayan dado, siempre está la promesa de que te la den en algún momento en el futuro, además de la idea del sabor sobrenatural que debe tener tan exquisita fruta."
"Raíz", perro maldito.
"Lo que sea. Una vez que te las estornudás, siempre estás pensando inconscientemente que de todos modos podés buscarte alguna que sea mejor en la cama, o que haga más cosas, o que sea más flexible. Mientras el sexo con ella sea un ideal, nadie puede ganarle. Además, tienden a manipular el hecho de que no se hayan acostado con vos para hacerte pensar que quizás están juntos por amor de verdad."
"En cualquier caso" - dice encogiéndose de hombros e ignorando brutalmente la expresión que tiene que saber tengo, por más que no la puede ver - "así está la cosa".
"Fui al Turco el miércoles, como te dije. Y sinceramente, llegar y encontrarme mi mesa ocupada fue peor que llegar a la casa de tu novia para darle una sorpresa, abrir la puerta y encontrártela en la cama con dos carajos, un enano y un pastor alemán; y que además tenga la desfachatez de decir que nada ha cambiado. En lo que estoy terminando de comer, perdiendo la esperanza de que sea que los sentaron ahí por error y los echen rápidamente y ya al punto de echar espuma por la boca, me llama un amigo para invitarme a una fiesta - precisamente para celebrar el fin del mundo. Y por más que me parece un poco de mal gusto, la verdad es que ya me había tomado un par de mojitos, así que dije 'al carajo' y jalé para la pachanga."
Hace una pausa para tomar aire. Yo le preguntaría algo, pero todavía estoy demasiado furioso como para dirigirle la palabra.
"Lo que tenés que entender es que de verdad es como tener una relación que termina de repente. A menudo luego acabas en un one night stand, que sabés que no es una buena idea, sabés que no va a terminar bien, sabés que lo estás haciendo por puro despecho, pero igual lo hacés."
Para otra vez, probablemente esperando algún tipo de confirmación de mi parte, pero dado que humilló mi experiencia en relaciones no recibe ninguna.
"Entonces acabé en esta fiesta en la mitad de ninguna parte, con como seis suecas haciendo cualquier trago que les pidieras, y normalmente no soy de emborracharme pero una cosa básica de un one night stand es que no estás pensando claro, así que me pegué una mica que probablemente no me hubiera pegado de otra forma. De hecho tengo escenas grabadas - gente saltando a una piscina, algo de un sauna - pero la verdad la mayor parte de estos dos días los pasé en automático, nada más alcoholizándome. En lo que decidí hoy que ya era demasiada fiesta, me levanté del zacate, me lavé la cara y te llamé."
"Lo que es peor" - continua - "estoy seguro que va a ser igual que cuando terminás con una novia con la que el sexo era increíble: te seguís viendo con ella de vez en cuando, más de una vez acaban en la cama, pero igual terminan en una bronca por las mismas razones por las que terminaron en un principio. Ya en este momento estoy suspirando por una sopa de lentejas y un Adana Kebap. Que es por supuesto lo que quieren."
"Cuatro."
"¿Cuatro qué?", pregunta confundido, probablemente porque esperaba que le diera pelota con lo de la conspiración.
"Cuatro días."
"¿Cuatro días qué?"
"Fuiste al restaurante el Miércoles. Hoy es sábado. Estuviste tres, cuatro días en la borrachera de la fiesta."
Lucas se incorpora tan de repente que el paño se le cae de la cara y se congela por completo con la única excepción de los ojos, los que comienzan a arrastrarse por el cuarto hasta que terminan posándose en la pantalla del VHS. Su mirada se queda ahí por unos segundos, mientras asimila la fecha que se despliega en el aparato, y puedo oír los bits de la cabeza calculando que en realidad han pasado más de dos días.
De repente salta del sillón, pasa corriendo al frente mío, se abalanza sobre un teléfono inalámbrico, golpea un número en el teclado y sale de la sala con el aparato pegado a la oreja.
Mientras hace su llamada, aprovecho para revisar la sala que, en la carrera de la narración anterior, no había visto apropiadamente. En las paredes hay varias fotografías a colores que distan bastante de las lúgubres imágenes en blanco y negro que son instantáneamente reconocibles como fotos de Lucas. Entre estas hay colibríes en posición de ataque, fotografías nocturnas de murciélagos, el Arenal haciendo erupción y otro montón de fotos de vida silvestre o cosas naturales.
En otra pared hay un grupo de fotos que son más su estilo tradicional, si bien hay mezcladas fotos en blanco y negro con fotos a colores. Me toma un momento reconocer la cueva del Troll, iluminada solo por las antorchas; a la fiera de Harry, saltando desde una tapia hacia una figura que huye (por Dios, que sea una escena montada); y a Andrés de noche en un parque con cara de chiquito que el papá le dijo hace 15 años que volvía por él en 10 minutos.
Hay otro montón de imágenes de gente que no reconozco: una especie de Eric El Vikingo, pelirrojo y sonriente, sosteniendo una botella de whisky en alto mientras saluda a la cámara; una foto tan sobreexpuesta que apenas pueden distinguirse rasgos entre la luz, sin ni forma de decir si es hombre o mujer; una foto que, para estándares de Lucas, parece ser nada más un sacerdote como de sesenta años a la entrada de una iglesia (probablemente el tipo tiene 200 años de muerto o algo así); y otras fotografías a las que no les pongo atención, porque ya estoy cansado de correr detrás de este egómano, sacándole con gotero fragmentos de una entrevista que probablemente no sea utilizable de todos modos, con sus delirios de grandeza y su método para fotografiar espíritus, y busco el sillón más cercano para sentarme y nada más a esperar que vuelva Lucas.
Como cinco minutos después reaparece, cuando estoy considerando nada más abrir la puerta e irme.
"Bueno, ya apagué ese incendio. Tenía que haberme visto con alguien el viernes. ¿Traías chaqueta? Si traías, agárrala, hoy es posible que nos tengamos que quedar afuera tarde". Abre un closet que está cerca de la puerta de la calle y toma el mismo abrigo de montaña que andaba la noche del encuentro con Harry.
"¿Donde quedamos?", pregunta sin volverme a ver.
"No sé", contesto, "creo que te estabas burlando de mi experiencia con mujeres."
"No, antes de eso" - dice, sacudiendo la mano como para espantar el mosquito de mi comentario. "Ah, sí, me parece que cuando te dije que había un método. Pues sí, luego de revelar el rollo en el que aparece Elena y pensarlo un poco, me dí cuenta que había un método", continúa, abriendo la puerta de la calle y caminando hacia afuera sin darse cuenta que no voy detrás de él.
Sentado en el sillón, puedo oír que sigue divagando hasta que se abre el portón eléctrico, y sigue hablando solo hasta la calle. Un rato después asoma la cabeza por la puerta abierta (que probablemente esperó yo cerrara detrás de él) y dice:
"Diay, despabílate. Ando por ahí hablando solo como el loco del vecindario."
"Mae, Lucas... ¿No te cansas de los one-liners y los 'Continuará' y la gente salida de una novela de Neil Gaiman?"
"¿Cómo?"
"Digo, esto se está poniendo repetitivo. Llegamos a un lugar, conocemos a alguien raro ... no me interrumpas, déjame terminar ... en el medio este alguien la agarra contra mí, o si tengo suerte me explicas el funcionamiento del Universo, o me das migajas de la entrevista, pero no sin hacer comentarios personales. El Troll casi me quiebra el brazo, Harry parecía querer comerme, y a todo esto no tengo ni la mitad de lo que necesito para la entrevista."
Lucas me mira, probablemente tratando de comprender exactamente que es lo malo en lo que acabo de describir.
"Hagamos una cosa", sugiero. "La revista no hay que mandarla a imprenta hasta la última semana de Julio. ¿Te parece si nos vemos luego de que todo esto haya pasado?"
"¿Todo esto qué?", pregunta, todavía sin entender.
"Todo este barullo. Yo no soy católico, así que aún si lo que decís es cierto voy a estar aquí después del 15. Anda, salva el mundo para tu novia..."
"No es mi novia"
"Salva el mundo para tu amiga, entonces, y nos vemos el 16 cuando lo que vaya a pasar haya pasado."
Se rasca la cabeza, y parece algo sorprendido con el hecho de que no quiera seguir trotando al lado de él, viendo a ver cuando me cae el piano encima.
"¿Estás seguro?"
"Sí"
"Pensé que esto podía servirte de material para la revista. Una de las historias o algo así."
"Tranquilo", le digo. "Si la cosa sigue escalando, el próximo tipo que conozcamos va a tratar de matarme."
"OK. Llámame el 16, para ir a la segura de que todo ha pasado. Sorry si te jodí mucho, vos sabés..."
"Que no te andas por las ramas. Tranquilo."
Lucas sonríe, pero me parece que falta algo de energía detrás de la sonrisa.
"Estaba tranquilo."
Promete no tocar más el tema. Me acompaña a la parada de taxis, hablando en el camino de las últimas películas en el cine, de libros, del mar y de sus ondas, el prohibido tema del Apocalipsis completamente abandonado en la casa. Es claro que lo está haciendo en automático, como que puso una grabadora a funcionar mientras en el fondo los procesos mentales están completamente en otra cosa. Al rato dejo de responder, Lucas pasa a concentrarse solo en lo que realmente le interesa, y caminamos callados el resto del trecho hasta que llegamos a la fila de taxis.
Lucas me da una palmada en la espalda, me dice que me ve en dos semanas, y da media vuelta para irse. Yo, con la mano en la puerta abierta del taxi, no soporto la curiosidad y decido preguntarle.
"¡Lucas!"
Lucas frena y se vuelve hacia mí. "¿Sí?"
"¿Por qué todo este enredo?"
"¿Cuál enredo?"
"Todo este burumbún de andar averiguando, investigando, jugándote el chance de que el siguiente conocido que visites de verdad te coma, o que convierta en rana, o algo."
Lucas se ve los zapatos mientras una pareja toma el taxi en el que me iba a ir yo.
"Por Eris"
"Yo sé, ¿pero por qué?"
"Es complicado"
"¿Y yo no entendería porque soy prácticamente un monje que lee Supermán?"
"Dejá de ofenderte por insultos imaginarios, que bien que tenés bastantes ofensas reales por las que preocuparte."
"Sorry. ¿Entonces?"
"No entenderías porque no sos yo."
"Toda la razón, no entiendo"
"Mirá, tengo un juego de principios muy propio, pero lo sigo estrictamente. Hay reglas que nada más no rompo. No meterme en asuntos de religión es una de esas, y trato de no deberle favores a nadie - prefiero que me los deban a mí. Pero Eris es alguien cercano, de esa personas por las que uno hace cosas que por nadie más haría. Así que tengo que hacer el intento y detener esta carajada. Aunque eso quiera decir echarme encima a más deidades y arriesgarme a deberle favores a alguien."
"¿A más deidades? ¿Favores?"
"¿Si pudieras ser el peor enemigo de Dios, o ser eternamente ignorado, cuál escogerías?", dice, probablemente solo para confundirme.
"¿Aló?"
"Una cita, pero el punto se mantiene. Cuando decidí hacer esto me eché a un montón de gente encima, ahora no me queda más que seguir con el asunto."
"¿Y qué piensa Eris?"
"¿De qué?"
"De esto."
"Eris no sabe nada."
"¿Cómo? ¿No le has dicho?"
"¿Has visto como cuando alguien tiene una enfermedad terminal, y definitivamente no va a vivir más de un par de meses, los doctores le dicen a la familia pero no a la persona, para que pase los últimos meses tranquilo?"
"Claro"
"Eso solo pasa en las películas. Al enfermo es al primero al que le dicen. Pero siempre pensé que era una buena idea." Vuelve a ver la cada vez más corta fila de taxis. "Debieras agarrar el siguiente, si no te va a coger el agua aquí."
"Ahorita viene otro. Entonces, ¿no estás seguro de que esto es algo que se pueda detener?"
Al oír eso, Lucas endereza la espalda, endurece la mirada y se yergue lo más alto que puede.
"Por supuesto que estoy seguro", me dice. "Estar seguro es la única forma en la que puedo hacerlo. Pero no hay por qué asustarla innecesariamente. Ciao, probablemente nos veamos antes de lo que crees. Y debiste haber agarrado el taxi que te dije."
Con eso se despide y camina hacia su casa, dejándome en la desierta parada de taxis.
Diez minutos después, sin ni medio taxi a la vista, comienza a llover.