Al día siguiente Tyler se había ido.
Quedo con Lucas de vernos al día siguiente en la noche. El cultista a la puntualidad, el maniático de la llegada temprana, aquél que me tuvo congelándome la noche anterior en un parque en caso de que el carajo al que esperaba llegara antes, me hace esperar por más de una hora hasta que me aburro y me voy para la casa, luego de llamarlo varias veces - sin éxito alguno - al celular.
El jueves, viernes y sábado siguientes son exactamente iguales: me dedico a llamarlo varias veces al día, poniéndome cada vez más nervioso porque debiera ser obvio que la entrevista no puede continuar sin él, hasta que comienzo a recibir el mensaje de que el casillero está lleno y me queda como única opción llamar para ver si ha tenido la decencia de vaciarlo.
El siguiente domingo me despierta la insistencia del teléfono, cuando a la cuarta llamada ya no puedo ignorarlo más. Estiro el brazo, tratando de ignorar el jalonazo de dolor que me viene molestando hace días, y tanteo entre los papeles, revistas, medias, camisetas, algunos CDs, un par de pinceles y algo peludo (creo con rabo) que no se mueve lo suficientemente rápido como para que parezca que huye asustado, sino que nada más se corre con la tranquilidad de alguien que está siendo incomodado pero está dispuesto a tolerar al intruso, hasta que encuentro el teléfono.
"¿Huhhloh?"
"Mae, soy yo." Pausa. "Puta mierda, siempre detesto cuando la gente dice eso."
Espera de nuevo.
"¿Estás?"
Los engranajes mentales, definitivamente herrumbrados por demasiadas horas de sueño, comienzan a crujir mientras tratan de girar para abrir el pesado portón que no deja que escape ninguna idea coherente, hasta que luego de una eternidad entiendo quién llama.
"Lhuckhas"
"Sí, Yo. ¿Te desperté o algo?"
"Maenountoquehaceratoque... suave... sorry... sí"
"Diay. Sorry. Mexicano, 2pm"
"¿HuhComoAdonde?"
"El Mexicano. En Chepe centro, no el mío. Llegue, luego hablamos."
Alejo un poco el teléfono y hago bizco para tratar de ver la hora sin pasar media hora buscando los lentes.
"Maesonlasonce"
"Once y cuarto", contesta, y ahora que la cabeza se está aclarando me parece que la voz le suena más rasposa, como que estuviera con gripe o hubiera forzado mucho la garganta.
"Muytemprano." - trato de sumar horas en la cabeza - "¿A las 3 te sirve?"
"Mae, déjese de mierdas. Primero me deja trescientos cuarenta y un mensajes por la puta vara de la revista y ahora las 2 no es conveniente. Lléguese o váyase a la mierda."
Y cuelga.
Luego de bañarme y conforme la cafeína de la primera taza en la mañana va goteando poco a poco en mi cerebro, me cae la peseta de que tiene que ser la primera vez que oigo a Lucas con ese tono. Mientras me rasuro, considero que es la primera vez que lo escucho salir con algo tan crudo. Y manejando hacia el Mexicano, termino de convencerme que algo está seriamente mal.
El Mexicano es este restaurante en Plaza Víquez que comenzó hace como diez año en un garaje, y que ha ido creciendo hasta convertirse and una micro franquicia que tiene dos restaurantes en San José y uno en Alajuela. Lucas aparentemente iba al Mexicano desde el principio, lo que se demostraba en como lo trataban. Si algo tiene este carajo es gusto para la comida: no importa si es el rincón más pequeño y chinchorro de empanadas en San José Centro o el lugar ultra-posh de carnes en Escazú, si te lo recomienda vale la pena ir.
No lo encuentro cuando llego al restaurante. Al contrario del Turco, donde Lucas tiene una mesa reservada siempre, aquí se sienta normalmente en la barra así que tengo que buscarlo por la atestada taquería. A la tercera pasada, alguien que no conozco me hace un gesto desde una mesa en una esquina. Es un tipo desaliñado, ojeroso, con el pelo desarreglado y al menos tres días sin rasurarse. La ropa se vé de buena calidad, pero también parece que estuvo metido en un pleito que involucró barro y ladrillos, por no mencionar que da la impresión de que la tenía puesta desde la semana pasada. Mientras me pregunto de qué caño se vendrá levantando y por qué Ernesto - el Mexicano mismo - lo habrá dejado entrar, algo de repente cae en su lugar y se me enciende un bombillo en la cabeza.
El indigente de la mesa es Lucas.
Camino despacio hasta adonde está. Encorvado, sosteniendo un vaso que parece contener una Alka-Seltzer y con esa apariencia termina viéndose en general como que hubiera perdido la pelea contra un camión cisterna lleno de whisky. Cuando me siento al frente de él, estoy tan aturdido por la aparición que no acato a hacer nada más que sentarme y verlo.
"Buenas tardes a vos también" - gruñe.
"Sorry" - silencio incómodo - "Mae, Lucas ... ¿estás bien?"
"Sí. No, en realidad no. Pero tranquilo, al rato se me pasa. Nada más es cuestión de terminar con esta madre y listo."
"¿Qué madre?"
"Toda esta estupidez del fin del mundo. Los cabrones decidieron hacerlo personal."
Doh. Cierto - concentrado totalmente en las cosas de la revista, había olvidado que Lucas y su circo de fenómenos andaban con esa obsesión. De repente todas las imágenes que tengo en la cabeza como de un sueño - el Troll, el poser que Lucas insiste es el diablo, el Hombre Lobo - todas vuelven de golpe a mi consciente.
Y antes de seguir escuchando a Lucas, la imagen de la bestia carnívora cubierta de pelo vuelve a mí como una pesadilla que había insistido en olvidar.
La cosa arquea la espalda y aulla, mirándonos luego con un gruñido mientras pela los dientes y abre y cierra los puños, pero Lucas permanece impávido.
"Eso es el postre" - le dice - "Primero necesitamos información."
'Harry', como Lucas llama a la fiera salvaje, toma un paso hacia atrás. Las fosas nasales se dilatan y la figura se encorva un poco, mientras que los ojos vacilan entre Lucas y yo. Lo que sea que está pensando, no puede ser bueno y la verdad no quiero saberlo.
Lucas, por supuesto, me hace el favor.
"Sí" - le dice al depredador - "Sí nos podrías matar a ambos antes de que te interrumpieran. De hecho, probablemente hasta podrías filetear a uno."
"O ponerme creativo" - contesta el otro - "Arrancarles pedazos... o roer el muslo pegado al cuerpo ... o ... o ..." - y parece atragantarse en su propia saliva ante el hambre y la emoción.
"Cierto" - contrarresta Lucas, más fresco que una lechuga - "Pero te estarías perdiendo lo mejor."
El otro relaja la pose con cierto grado de curiosidad. Lucas nada más inclina la cabeza y palmea el bolsillo de la chaqueta donde metió la foto que le arrebató.
"¿Y ... sí te torturo?" - pregunta el otro con un brillo en los ojos.
"Vos sabés que no sacás nada."
"Bajo tortura... no creo que te aguantarías."
"¿Ahá? ¿Quién fue el que una vez ganó jugando gallina contra un árbol porque logró que el árbol se quitara antes de chocar con él?"
Harry finalmente parece colapsar y su voz pierde ese filo que había tenido.
"Mierda. Sos demasiado terco." Inmediatamente el brillo le vuelve a los ojos, y dá un paso hacia adelante. "Pero este se vé como que cae fácil" - y se me hiela la sangre cuando eso sale de la boca llena de colmillos.
Lucas no se vé impresionado. "Sí, probablemente".
La fiera da un paso en mi dirección, y paralizado en mi lugar, lo único que tengo en la cabeza es el reflejo de la luz de la luna en los dientes de la bestia y las uñas del velludo brazo que extiende hacia mí.
"Creo que a este lo quebraría fácil" - sin volver a ver a Lucas mientras que, en cámara lenta, la masa de tendones tiembla de la expectativa con cada paso. "Y si a vos no puedo sacarte lo que quiero, luego de media hora de oír a este gritar seguro te ponés más cooperativo."
Y cuando dice eso, está tan cerca mío que puedo ver perfectamente las pupilas contraídas, cada pelo de la uniceja, los restos de algo que parece carne pegados entre los dientes, y estoy tan ocupado probando que no hay ateos en las trincheras que no es hasta luego de unos segundos que registro el dolor de la garra de la bestia hundiéndose en mi antebrazo izquierdo tan hondo y tan fuerte que puedo sentirlo raspando el hueso, encontrando nervios y deslizándose a lo largo de estos; y cuando el dolor finalmente para porque el Grendel que Lucas estaba abrazando como un amigo cercano dos minutos antes al fin dejó de tocar violín en puntos de dolor, no puedo evitar convertirme en el estereotipo de narrador que en un momento de claridad entiende que era él quien estaba dando alaridos.
En el Mexicano, arrollo despacio la manga de la camisa, de repente de vuelta a cuando tenía 6 años y no quería ver dentro del closet porque estaba seguro de que el monstruo de mi sueño iba a estar ahí. Cuando eso pasaba, luego de horas de agonía finalmente brincaba de la cama y tiraba las puertas de par en par, mientras cerraba los ojos y volvía la cabeza y contenía la respiración hasta que, segundos después, exhalaba aliviado cuando nada había saltado a comerme y podía abrir los ojos de nuevo para ver que solo había ropa.
Esta vez, a pesar de mis esfuerzos, no puedo volverme hacia el brazo, y los ojos se quedan clavados en la figura añeja y desharrapada de Lucas mientras mi mano derecha se desliza hacia arriba, pasando el codo, y cuando voy a exhalar tranquilo porque no he encontrado nada y todo tiene que haber sido una pesadilla, siento algo áspero en la parte de atrás del antebrazo.
Lucas asiente despacio y toma un sorbo de su Alka-Seltzer.
En el antebrazo izquierdo tengo cinco cicatrices de un color rojo furioso, con puntadas frescas cerrando las aberturas que hicieron las navajas que 'Harry' tiene por uñas.
Cuando recupero el aire luego de gritar, todavía no puedo separar la mirada de los ojos de la cosa. Es así como se sienten las gallinas cuando el gato se acerca calmadamente hacia ellos y por más que podrían tratar de huir se quedan ahí congeladas. Tan hipnotizado estoy, que es solo porque Harry se vuelve hacia Lucas y arrastra mi mirada con él que puedo ver como reaccionó este.
Lucas asiente despacio y toma un sorbo de la botella de sake. La debe haber abierto mientras su amigo me torturaba.
El otro deja caer mi brazo inmediatamente, rompiendo el hechizo, y yo colapso en el suelo sin poner atención a la sangre que va chorreando hacia mi muñeca.
"Aww mae" - dice la fiera - "No te tomés el sake frío. Esa vara es sacrilegio."
"Es que tenés razón", contesta Lucas, "no voy a aguantar oír a este gritar."
"¿Entonces me vas a decir?"
"No. Voy a irme. Pero quería probar el sake antes - vieras que está bueno."
El lobo suelta algo que es entre una carcajada y un gruñido. "No jodás, no podés irte. Primero, no podrías huir de mí. Y segundo, si te vas termino con este."
Lucas se encoge de hombros. "No me vas a cazar, todavía me debés un favor; y tu sentido del honor no te permitiría hacerme nada antes de pagármelo. Y al respecto de este, dale viaje. Tengo cosas más importantes que hacer."
Y con eso, le pone el corcho de vuelta a la botella de sake, se la tira a Harry (quien la ataja en el aire sin ni volverla a ver), dá media vuelta y comienza a caminar.
Si no estuviera en shock probablemente saldría corriendo. En el estado actual, todo lo que puedo hacer es quedarme tirado en el suelo, temblando de frío y miedo, mientras la bestia se queda de pie y vacila entre mi figura postrada y Lucas alejándose. Finalmente, pierde la pose combativa y la figura colapsa en la actitud de un chiquillo que se dió cuenta que no va a ser tan fácil salirse con la suya.
"OK, OK" - grita en la dirección de Lucas - "Vos ganás. Te averiguo esto y quedamos a mano."
Lucas se detiene, vuelve a ver a Harry, y camina de vuelta con las manos en los bolsillos de la chaqueta, sin ninguna preocupación en el mundo.
"No, ya aceptaste el sake y los fiambres. Esta te la estoy pagando, todavía me debés el favor.", dice con una sonrisa cuando está a un brazo de distancia de Harry.
El otro comienza a sacudirse de ira, pero Lucas continúa antes de que haga algo.
"Recuerda la foto. Esta va a valer tu tiempo."
El Lucas que tengo ahora al frente, sin embargo, no parece tan optimista.
Posted by Ricardo at September 1, 2003 12:13 AM