Apocalipsis - VI, VII & VIII

Posted on Monday 18 August 2003

VI

“Ouch.”

Masajeo el hombro, tratando de atenuar el dolor de donde recibí el mazaso de la garra del Troll. El clima ártico de la noche no hace absolutamente nada por ayudar y tampoco coopera el hecho de que el viento esté soplando con fuerza, acribillándonos de agujetas de agua helada.

“Jueputa metáfora…”

¿Huh? “¿Huh?”

“Creo que estabas pensando en voz alta.”

“Ahh… Lucas, manda la parada” - reclamo desganado - “eran tres revistas.”

Lucas continúa observando el cielo sobre las pocas casas que se ven. El estar en un parque en Rohrmoser a temperaturas lo suficientemente bajas para que se me haga escarcha en las cejas, cerca de la media noche, en invierno, no parece importarle.

“Debiste habérselas pagado antes”, responde Lucas bajando del hombro el maletín que recojimos temprano y poniéndolo al lado suyo en el suelo.

“Diay, no sabía. ¿Cómo iba a saber que los túneles eran parte de la cueva? Bueno, de la tienda. O de lo que fuera.”

Lucas se encoge de hombros sin sacar las manos de los bolsillos de la chaqueta que es un poco más gruesa que un oso polar.

“Diay, no sé. Preguntándome.”

“Creí que no eran de nadie.”

“Todo es de alguien. No hay almuerzos gratis.” - Y con eso, retoma su vigilancia del horizonte.

Hay veces que uno se pregunta por qué le dice amigo a este carajo.

Nada de esta situación tiene ni pies ni cabeza. De hecho, desde que conocí a Lucas hace como tres años años siempre han habido cosas raras, pero uno tiende a descartarlas como excentricidades, detalles de personalidad o simplemente poses; carajadas que hace para verse interesante. Después lo conocés un poco mejor y te dás cuenta de que en realidad el tipo es una masa ambulante de contradicciones que de alguna forma se reconcilian y que es más un asunto de aceptarlo que de entenderlo. En el momento en el que asimilás eso, las salidas ocasionales son fácilmente descartadas como una faceta que no conocías, y dejan de sorprenderte.

Al menos hasta que te mete a un laberinto de libros, te presenta a un Troll, insiste en que la realidad es una pregunta de selección múltiple y resulta que el Diablo le debe un favor. Todo en menos de doce horas.

“A todo esto” - pregunto tratando de romper la monotonía - “¿qué favor te debía ese tipo?”

“¿Lucifer?”

“Er… sí.”

“Pleito de bar” - dice sin quitar la mirada de los techos de las casas - “Sostuve a un gorila mientras que él le quebraba una botella en la cabeza”.

“¿Cómo?”

“En serio. ¿Ves esto?” - señala una pequeña cicatriz encima de la ceja derecha - “un pedazo de vidrio me cortó. Y esto, aquí en la barbilla, fue el cabrón tratando de zafarse.”

Ya eso estira demasiado los límites de la credibilidad. “¿Cómo es que el Demonio necesita ayuda para noquear a un tipo en un pleito de bar?”

Lucas se encoge de hombros una vez más. “Larga historia”.

Cuando quiere hablar no hay forma de detener el sermón, pero ocasionalmente jurarías que trata de ser lo más lacónico y obtuso posible.

Trato de calentarme moviendo los brazos un poco dentro de mi chaqueta, que no es ni la mitad de caliente de lo que debiera, y siento el peso de la grabadora en el bolsillo de adentro. La había olvidado por completo.

“Mae, Lucas, ¿te importa si seguimos con la entrevista mientras esperamos … por lo que sea que estemos esperando?”

“A quién”

“¿Qué?”

“No es lo que, es a quién. Harry, específicamente”

“Sí, en cualquier caso, ¿continuamos?”

“No problemo.”

[REC] Lucecita roja se enciende. Acomodo el micrófono en el borde de la chaqueta. Me aclaro la garganta.

“La primera vez que ví la foto de la niña” - digo en dirección a la chaqueta - “estaba seguro de que era un montaje. Una de esas cosas hechas para ver la reacción de la gente. Sin embargo, la imagen en los negativos hace que tenga más peso, porque descarta la posibilidad de que fuera hecho digitalmente.”

“Bueno” - interrumpe Lucas, siempre jugando al abogado del diablo - “igual podría haberlo falsificado con métodos ópticos. Por ejemplo, en el cuarto oscuro…”

“Déjame llegar a la pregunta.”

“OK”

“Dado que asumo que cuando tomaste la foto no la viste, ¿qué pensaste cuando encontrarse una imagen que alguna gente dice es un fantasma en las esquina de un negativo?”

“Me sorpendí. No pensé que fuera a salir.”

“Y además no fue la última” - continúo del guión que me preparé en la cabeza - “Con fotos posteriores hay otras siluetas y figuras que en algunos casos han sido claramente iden … suave … ¿cómo que no pensaste que fuera a salir.”

“No pensé que la niña fuera a salir en la foto.”

Momento. Pausa. Stop, mejor. Lucas sabía que la entrevista iba a ser publicada, sin importar si lo que él dijera estropeaba el mystique alrededor de sus imágenes. Y para los de ustedes que no las han visto, Lucas había hecho una carrera en los últimos años con exposiciones de fotografías pedestres: pasillos en casas, altares de Iglesia, parques públicos (en algunos casos vacíos, a veces atestados de gente), deshuezaderos, restaurantes, mataderos, museos.

Lo que diferenciaba a las fotos de Lucas era que en todas aparecían siempre figuras fuera de lugar: mujeres en un parque en vestidos que pasaron de moda hace décadas, por ejemplo; o un hombre desfigurado en el asiento de adelante de una avioneta que fue destrozada en un accidente; o la foto que Lucas había publicado originalmente, en una exposición de un salón vacío con una sola imagen de 8×12 en el centro: un pasillo derruído debajo del viejo asilo de tuberculosos, donde claramente se podía ver la figura traslúcida de una niña usando un vestidito de un estilo que no se usaba aquí hace más de cincuenta años.

Las exposiciones nunca iban acompañadas de información técnica, lo cual nada más servía para avivar la especulación - y el interés - en las fotografías. Pero el golpe maestro había sido hace poco más de dos años, cuando una joven en una presentación se había desmayado al reconocer a una figura en la fotografía de los restos de un Audi tomada en una chatarrera. Su novio, según le contó a cuanta persona quiso oírla apenas recuperó el conocimiento, se había matado en un Audi hace poco más de seis años.

(Dicen que Lucas, en una despliegue de what-the-fuckery como los que hace normalmente, cándidamente ofreció regalarle una copia de la foto)

No que ese incidente se publicara en algún momento, pero los snobs que tienen dinero desechable como para comprar impresiones de fotos de 40×32 pulgadas tienen una forma de enterarse de las cosas; así que copias de esa y las siguientes exhibiciones se agotaron. Lucas nunca desmentía ni respaldaba los comentarios - de hecho, no hablaba al respecto del todo, lo que hace que este favor personal de una entrevista sea todavía más importante (y estoy seguro, me vaya a costar más caro en el futuro).

VII

“Entonces” - retomo la entrevista luego de recuperar la compostura - “¿Estás diciendo que la imagen fue el resultado de algo premeditado?”

“De un esfuerzo consciente, sí”

“¿Pusiste al a niña en el negativo, entonces?” - digo, tratando de eliminar la inseguridad en mi voz al estar entre publicar una exclusiva y hundir el negocio de un amigo, esperando que Lucas tome el temblor como solo un resultado del frío.

“Técnicamente, supongo que sí. Si lo que me estás preguntando es si la monté en la imagen posteriormente, no.”

“No entiendo. ¿Por qué esperabas que saliera? ¿Estaba en el asilo?”

“Sí. Técnicamente sí.”

“¿La foto es, entonces, el resultado de un efecto óptico de una niña que estaba ahí en un principio?”

Lucas deja de ver el cielo (las estrellas no parecen haber cambiado) y se vuelve para verme directamente a los ojos.

“No estás haciendo la pregunta correcta”, me dice.

“¿Cómo?”

“¿Pusiste la chiquita en el negativo? Técnicamente sí, yo tomé la foto. ¿Estaba en el asilo? Sí. ¿Es una chiquita? Eso parece. ¿Fue hecha en cuarto oscuro? Sí, la impresión fue hecha en un cuarto oscuro. Ad nauseam.”

“¿Entonces? ¿Vas a tener la arrogancia de decirme como llevar la entrevista?”

“Sí. Pregúntame: ¿es la chiquita de la foto un fantasma?”

No puedo creer que sea lo suficientemente presuntuoso como para eso. Nadie lo tiene. “¿Crees que la chiquita …?”

“No, sin ‘crees’. Lo que importa es lo que sea cierto.”

“Ah mae, va pa’l carajo. ¿Es la chiquita de la foto un fantasma?”, pregunto echando humo por las ojeras del colerón.

Lucas ni pausa antes de responder, totalmente desinteresado en si la respuesta lo va a hacer ver como un maniático o le va a perder negocio.

“Sí”, contesta.


No me quita la mirada de encima, examinando mi reacción. Estoy seguro de que lo que está haciendo es esperando a que asienta, para burlarse de mi credulidad; o a que le pregunte algo más, para darme otro sermón; o a que me ría, para verse ofendido; así que enfrento su mirada fijamente y la entrevista se convierte en un juego de gallina, para ver quién parpadea primero.

Yo pierdo. Puta llovizna constante. Pero es Lucas el que habla primero.

“Sí” - pausa para reacomodarse la chaqueta - “Elena Madríz Castillo”.

“¿Qué?”

“La chiquita de la foto”.

“Pero dijiste que no tenías idea de donde había salido”.

“Hmm, no es cierto. Recuerdo haber dicho que no sabía quien era”.

“Pero sí sabés”.

“No sabía cuando me preguntaron, pero luego investigué un poco. Murió en el asilo hace como 50 años”.

“Ah. Oíste la historia de que había fantasmas, y tomaste la foto de los archivos para montarla en el negativo”, comento, comprendiendo al fin.

O eso creí, dado que parezco exasperarlo.

“No. Poné atención, voy a hacerlo paso a paso. Estaba en el asilo tomando fotos de la Iglesia, veo a esta niña en un vestido anticuado, apareciendo y desapareciendo en el pasillo”

Pausa un momento para ver si le estoy poniendo atención.

“Asumo que es un fantasma (digo, es lo más razonable). Y por más que me impresiona porque es el primero que veo en años, dado que tenía la cámara ya en el trípode le tomé algunas fotos de larga exposición esperando que saliera. Cuando revelé el negativo creí que había sido suerte, pero luego me dí cuenta de que hay un método”

“¿Ya has visto fantasmas antes?” - pregunto, entendiendo mientras lo hago lo estúpido que es preguntarle algo así a un tipo que dice que el Diablo le debe un favor, y consciente de que no estoy haciendo nada para eliminar lo bizarro de la noche.

“Claro” - obviamente - “pero era un carajilo. Yo, no el fantasma. Entonces para serte sincero no tengo todo el episodio muy claro. Tendrías que hablar con mi madre.”

El silencio es tal que suenan grillos en el fondo.

“En cualquier caso” - retoma - “la chiquita de la foto se llama Elena Madriz Castillo. En la foto tiene nueve años de edad, tuberculosis avanzada y más de medio siglo de muerta. Y sí estaba en el asilo cuando tomé la foto.”

Eso lo explica, pienso. Ahora ya sé por qué me dió la entrevista: nada más no espera que en realidad publique los delirios de un demente.

VIII

Detengo la grabadora para esperar y poner mis pensamientos en orden. De verdad que con este infeliz es peor que hacer un pacto con el diablo: nunca sabe uno cuál pequeño tecnicismo va a ser con el que salga para no cumplir exáctamente con tu deseo. Y como que fuera poco, me comprometí de antemano a pagarle un favor, así que me quedé sin Inés y sin el retrato. O algo así. ¿Y ahora para adonde va este cabrón?

Lucas dá un paso hacia adelante, estirando el cuello para ver algo entre los techos de las casas y los cables de la luz. Otro paso más, y levanta la mano sobre su cabeza como saludando a algo que no acabo de distinguir.

“Suave, ¿qué fue eso?” estoy seguro de que una sombra se separó de un techo y saltó a otro, pero … “Ahí, ¿lo viste?”

No me contesta y vuelve a meter las manos en los bolsillos de la chaqueta.

La sombra se mueve. Salta de techo en techo, hacia postes, se balancea en cables de alto voltaje antes de brincar a un árbol, de ahí a otro techo, un carro, otro árbol, corre por cables como que fueran plataformas y da una vuelta en el aire para caer (puta!) a menos de cinco metros nuestro.

La cosa (que ahora puedo ver como una figura humanoide) se yergue, estirando su delgada figura cubierta de pelo, dientes y malas intenciones, hasta llegar a una avasallante estatura de … bueno, como metro sesenta … pero la pura malicia que iradia de los ojos hundidos debajo de las cejas rojizas compensan por el tamaño. Puedo ver donde tensa varios músculos, todavía no totalmente erguido, casi lupino, listo para saltar …

Y lo hace. Directo hacia nosotros, extendiendo los brazos de forma que puedo ver las garras que tiene por uñas y los nudillos llenos de un grueso pelaje. Hago un sonido que debe ser idéntico al de un cachorro ahogándose y trato de retroceder, solo para tropezarme con algo y rodar por el zacate húmedo.

La masa de tendones y pelo no parece ir por mí sino por Lucas, y no entiendo por qué no está corriendo sino que abre los brazos como para recibir a la bestia en el aire, como que fuera a forcejear con la fiera que sigue hacia él. El choque golpea a Lucas, quién cierra los brazos para hacer una llave e inmovilizar a su enemigo, pero

Lo que pasa es que se abrazan y se palmean la espalda mutuamente.

“¡Diay mano! ¿Cómo has estado? Su alma llama solo si hay que deshacerse de un cuerpo o se va a acabar el mundo.”

“Claro que trato” - contesta Lucas pretendiendo sentirse herido - “pero no es fácil encontrar a un Ludita como vos: no teléfono, nada de celular, siempre metido en Guayabo o Cañas o qué se yo qué agujero.”

“Uno va adonde está la caza” - contesta el otro, relamiéndose los colmillos y sin soltar a Lucas, pero sonriendo igual - “Chepe se charraleó mucho.”

Finalmente Lucas rompe el abrazo, pero mantiene el tono jovial.

“Y dime, dado que lo mencionas, ¿qué sabés de ese cuento del fin del mundo?”

Ahora es el turno del otro de pretender estar herido.

“Ah, negocios siempre. Tenés que relajarte, te va a dar algo. Cualquier día de estos me entero de que caíste con un infarto.”

“Bah. Yerba mala y todo eso.”

“Igual. Pero y si sé algo, ¿qué tenés?”

Lucas gesticula en mi dirección. Por un momento me congelo, seguro de que me está ofreciendo para que la fiera me coma y comienzo a balbucear argumentos acerca de que estoy muy gordo y le daría colesterol, pero caigo en cuenta de que me tropecé en el maletín que Lucas andaba cargando y que eso es probablemente lo que quiere.

“Está algo tenso este, ¿verdad?”, pregunta Lon Chaney con una media sonrisa cuando me acerco despacio a darle la bolsa a Lucas.

“Nada que una buena revolcada no arregle, pero no quiere que le presente a Jessica.”

El otro arruga la cara. “Está muy vieja”

“Tiene 19 años”

“Puta, peor de lo que pensaba; hace rato que no la veo. Veamos que tenemos aquí … “, dice abriendo el maletín. “Hmm, sake. Arigato. Fiambres … excelente. ¿Y qué es esto? ” - pregunta, alzando la uniceja y sosteniendo algo que parece ser una foto que no puedo ver bien.

Lucas se la quita con un acto de presdigitación y la guarda en la chaqueta. La cosa arquea la espalda y aulla, mirándonos luego con un gruñido mientras pela los dientes y abre y cierra los puños, pero Lucas permanece impávido.

“Eso es el postre” - le dice - “Primero necesitamos información.”


  1.  
    3R|\|35T
    August 22, 2003 | 4:35 pm
     

    I think that in THE END, Lucas Will save the world to save his old girlfriend (or whatever she was), but it would be interesting if the Apocalipse actually do happen, and if she gets to go to hell, what would Lucas do?

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